martes, 27 de junio de 2017

Nuestra Señora de Akito


 una Advertencia para el Mundo Entero

Pablo Luis Fandiño
Centro Pieper,  20 DE JUNIO DE 2017

En Akita (Japón) tuvo lugar una singular manifestación de la Santísima Virgen María, formalmente aprobada por la Iglesia, que por el tenor de sus mensajes es conocida como la “Fátima Oriental”.
 Akita es una pequeña ciudad ubicada al noroeste de Honshu, la principal isla del Japón, al extremo opuesto de Sendai...

Al contrario de Portugal, donde Nuestra Señora de Fátima se apareció en 1917, la religión católica ha sido invariablemente minoritaria en el país del sol naciente. Sin embargo, como lo destaca la “Enciclopedia Católica” en su introducción al artículo sobre los mártires japoneses: “No hay en toda la historia de la Iglesia, un solo pueblo que pueda ofrecer a la admiración de los anales cristianos del mundo, tan glorioso como tan dilatado martirologio, como el de las gentes del Japón” [1].

Akita fue, en el siglo XVII, efusivamente regada con la sangre de los mártires. En efecto, el 3 de junio de 1624, durante una feroz persecución que se desató contra los católicos, Masakage, hijo del señor feudal de la región de Akita, mandó quemar vivos en esta ciudad a 32 cristianos [2]. La Madre de Dios escogió pues esta tierra bendita, para dar a conocer sus más íntimos pensamientos, como un complemento del Mensaje revelado en Fátima.

Una imagen de madera y una vidente sorda
    En Akita no hubo propiamente una aparición de la Santísima Virgen como en la Cova da Iría, sino que de manera inexplicable una imagen suya cobró vida. La estatua milagrosa, de una sola pieza, fue esculpida a fines de la década de los 60 por el artista japonés Saburo Wakasa, budista de religión, tomando como modelo una estampa de Nuestra Señora de Todos los Pueblos, de Ámsterdam, y añadiéndole rasgos orientales. La imagen representa a la Virgen María con los brazos abiertos y extendidos hacia abajo —como caracteriza a la Medalla Milagrosa—, de pie sobre el globo terráqueo y delante de una gran cruz sobre la cual está apoyada. El conjunto, que mide unos 90 centímetros de altura, fue tallado en madera dura de “árbol de Judea” [3], sin ningún tipo de uniones o empalmes.
   
María Santísima se manifestó en tres ocasiones en 1973 a la hermana Agnes (Inés) Katsuko Sasagawa, cuando ésta tenía 42 años de edad, en el convento de las Siervas de la Sagrada Eucaristía en Yuzawadai, en las proximidades de Akita, en la región septentrional de Tohoku. A raíz de una deficiente operación de apéndice, la vidente padeció en su juventud graves trastornos de salud; durante una década quedó prácticamente paralítica. En el hospital, le dieron a beber agua de Lourdes, con lo que experimentó una sensible mejoría. Convertida al catolicismo, se hizo religiosa.

Preludios a la manifestación de la Virgen María
Los sucesos de Akita fueron precedidos por apariciones Angélicas y fenómenos luminosos como en Fátima. En 1969, la joven Inés, fue favorecida con la aparición de un Ángel, simétrica a la que en 1916 tuvieron Lucía, Francisco y Jacinta. El celeste emisario recitó con ella el Santo Rosario y le enseñó —sugestiva coincidencia— la misma oración que la Virgen de Fátima había dictado a los tres pequeños videntes al final de su tercera aparición, el 13 de julio de 1917, para rezar después de cada Misterio: “Cuando recéis el Rosario, decid después de cada misterio: ¡Oh! Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, lleva a todas las almas al cielo, principalmente a las que más lo necesiten” [4].
   
El 12 de mayo de 1973, un mes después de haber ingresado al convento de las Siervas de la Sagrada Eucaristía, la hermana Inés rezaba ante el Santísimo Sacramento cuando observó unos rayos brillantes que emanaban del Tabernáculo. El fenómeno se repitió en los dos días siguientes.
   
La noche del viernes 28 de junio de aquel mismo año, la hermana Inés descubrió en la palma de su mano izquierda una herida en forma de Cruz, era un estigma de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, que le causaba un dolor extremo. El 5 de julio, del centro de la herida comenzó a fluir sangre.

Primer mensaje - Viernes 6 de julio de 1973
   
Al día siguiente cerca de las tres de la mañana, el Ángel se le aparece y le dice: “No temas. Soy el que está a tu lado y te guarda. Ven y sígueme. No reces únicamente por tus pecados, sino en reparación por los pecados de la humanidad. El mundo actual hiere al Sagrado Corazón de Jesús con sus ingratitudes y sus ultrajes. La herida de la mano de la Santísima Virgen es mucho más profunda que la tuya. Ahora vamos hacia la Capilla…”.
   
Al entrar en la Capilla, el Ángel desapareció. Después de rezar ante el Sagrario, la hermana Inés, que había quedado completamente sorda a raíz de una enfermedad, se aproximó a la estatua de Nuestra Señora. De pronto sintió que la imagen tomaba vida y le hablaba.
   
Nuestra Señora [se dirige a ella diciéndole]: “Hija mía, novicia mía, tú me has obedecido bien en abandonarlo todo para seguirme. ¿Es dolorosa la enfermedad de tus oídos? Tu sordera será curada, te lo aseguro. Ten paciencia. Ésta es la última prueba. ¿Te causa dolor la llaga de tu mano? Reza en reparación por los pecados de los hombres. Cada persona en esta comunidad es mi hija irreemplazable. ¿Enuncias bien la oración de las Siervas de la Eucaristía? Entonces recémosla juntas:

Sacratísimo Corazón de Jesús, verdaderamente presente en la Sagrada Eucaristía, te consagro mi cuerpo y mi alma para que sea enteramente uno con tu Corazón, sacrificado a cada instante en todos los altares del mundo y dando alabanza al Padre, implorando por la venida de su Reino.

Recibe este humilde ofrecimiento de mi ser. Utilízame como quieras para la gloria del Padre y la salvación de las almas.

Santísima Madre de Dios, no permitas que jamás me separe de tu Divino Hijo. Te ruego me defiendas y protejas como hija tuya. Amén”.
   
Cuando terminaron de recitar la oración, la Santísima Virgen le dijo: “Reza mucho por el Papa, los Obispos y los Sacerdotes. Desde tu bautismo siempre has rezado fielmente por ellos. Continúa rezando mucho… mucho. Dile a tu Superior todo lo que pasó hoy y obedécele en todo lo que te diga. Él ha pedido que reces con fervor”.
   
A la mañana siguiente, las religiosas descubrieron en la mano derecha de la estatua una herida similar a la de la hermana Inés, de la cual manaba sangre.
   
El 25 de julio, el Obispo de Niigata y Ordinario Local, Mons. John Shojiro Ito, se hizo presente en el Convento para verificar el sangrado en la mano de la imagen, que se intensificó al día siguiente. El viernes 27 de julio, la herida en la mano de la hermana Inés desapareció sin dejar rastro; el Ángel le dijo: “Tus dolores terminarán hoy. Guarda con mucho celo el recuerdo de la sangre de María y grábalo en tu corazón. La herida de María tiene un significado muy importante: Ha sido hecha para obtener vuestra conversión, para implorar la paz, para reparar las ingratitudes, ofensas, ultrajes e injurias que Dios recibe. Tengan en gran estima la devoción a la preciosísima sangre de Cristo”.

Segundo mensaje - Viernes 3 de agosto de 1973
   
Nuestra Señora [se dirige a la hermana Inés]: “Hija mía, mi novicia, ¿amas al Señor? Si amas al Señor, escucha lo que tengo que decirte.
   
Es muy importante… se lo comunicarás a tu superior.
   
Muchos hombres en este mundo afligen al Señor. Deseo almas que lo consuelen para suavizar la ira del Padre Celestial. Deseo, al igual que mi Hijo, almas que hagan reparación con sus sufrimientos y pobreza por los pecadores e ingratos.
   
Para que el mundo conozca su ira, el Padre Celestial está preparando un gran castigo para infligir sobre toda la humanidad. Con mi Hijo he intervenido tantas veces para apaciguar la cólera del Padre. Yo he prevenido la venida de calamidades ofreciéndole los sufrimientos del Hijo en la Cruz, su Preciosa Sangre, y amadas almas que le consuelan formando una cohorte de almas víctimas expiatorias. Oración, penitencia y valerosos sacrificios pueden aplacar la cólera del Padre. Yo deseo esto también de tu comunidad… que ame la pobreza, que se santifique y rece en reparación por las ingratitudes y los ultrajes de tantos hombres.

Recita la oración de las Siervas de la Eucaristía con conciencia de su significado; ponla en práctica; ofrece en reparación (cualquier cosa que Dios envíe) por los pecados. Que cada uno procure, según su capacidad y posición, ofrecerse enteramente al Señor.

Incluso en un instituto secular la oración es necesaria. Ya las almas que desean rezar están en camino de ser reunidas. Sin poner demasiada atención a la forma, sé fiel y ferviente en la oración para consolar al Maestro”.
   
Después de un silencio, [continúa]: “¿Es verdad lo que piensas en tu corazón? ¿Estás verdaderamente decidida a convertirte en piedra rechazada? Mi novicia, tú que deseas pertenecer sin reservas al Señor, para ser la esposa digna del Esposo, haz tus votos sabiendo que debes ser clavada en la cruz con tres clavos. Estos tres clavos son la pobreza, la castidad y la obediencia. De los tres, la obediencia es el fundamento. En total abandono, déjate guiar por tu superior. Él sabrá cómo entenderte y dirigirte”.
    Las señales extraordinarias se multiplican
   
El 29 de setiembre de 1973 desapareció también la herida en la mano de la imagen. Aquella misma noche, durante el Oficio de la comunidad, una luz brillante envolvió la estatua y todo el cuerpo de la escultura quedó cubierto por una humedad, como la transpiración. El Ángel le dijo a la religiosa: “María está aún más triste que cuando derramó sangre. Enjugad el sudor”.
   
Las religiosas lo recogieron con copos de algodón, que exhalaron agradables perfumes durante quince días.
      
Tercer mensaje - Sábado 13 de octubre de 1973

En el aniversario del Milagro del Sol en Fátima, la hermana Inés escuchó también por última vez aquella voz inefable que le hablaba por medio de la imagen: “Mi querida hija, presta atención a lo que tengo que decirte. Tú informarás a tu Superior”.
   
Después de un corto silencio, [la Santísima Virgen continuó diciendo]: “Como te dije, si los hombres no se arrepienten ni mejoran, el Padre infligirá un terrible castigo a toda la humanidad. Será un castigo mayor que el diluvio, como nunca antes se ha visto. Caerá fuego del cielo y acabará con una gran parte de la humanidad, tanto a buenos como a malos, sin excepción de sacerdotes ni de fieles. Los sobrevivientes se encontrarán tan desolados que envidiarán a los muertos. Las únicas armas que subsistirán serán el Rosario y la Señal dejada por mi Hijo. Reza cada día las oraciones del Rosario. En el Rosario, reza por el Papa, los Obispos y los Sacerdotes.

La obra del demonio se infiltrará hasta dentro de la Iglesia, de tal forma que uno verá Cardenales oponiéndose a Cardenales, Obispos contra Obispos. Los Sacerdotes que me veneran serán despreciados y enfrentarán la oposición de sus hermanos… saquearán iglesias y altares; la Iglesia estará llena de aquellos que aceptan compromisos y el demonio presionará a muchos Sacerdotes y almas Consagradas a dejar el servicio del Señor.
   
El demonio será especialmente implacable contra las almas Consagradas a Dios. El pensamiento de la pérdida de tantas almas es la causa de mi tristeza. Si los pecados aumentan en número y gravedad, no habrá perdón para ellos.

Con valentía, habla con tu Superior. Él sabrá como animar a cada uno de ustedes a rezar y llevar a cabo obras de reparación”.
   
“¿Quién es mi superior?”, preguntó la novicia a la Santísima Virgen; mientras el Ángel, que asistía a la escena, dijo en tono de reprensión a la religiosa: “En ocasiones como ésta, deberías de tener una pregunta más importante que hacer”.
   
“Es que, además del Obispo, yo tengo tres Superiores y por ese motivo creí que era importante aclarar esto”, replicó [la hermana Inés] al Ángel.
   
“Es el obispo Ito, quien dirige vuestra comunidad”, respondió la Virgen, [que] sonrió y enseguida añadió: “¿Tienes algo más qué preguntar? Hoy es la última vez que te hablaré de viva voz. De ahora en adelante obedecerás a aquel que te envíe y a tu Superior.
   
Reza mucho las oraciones del Rosario. Sólo yo puedo aún salvarles de las calamidades que se acercan. Aquellos que ponen su confianza en mí se salvarán”.
   
Las milagrosas lacrimaciones de la estatua
 
Desde el 4 de enero de 1975 hasta el 15 de setiembre de 1981 se produjo, con intervalos irregulares, la lacrimación de la imagen de Nuestra Señora de Akita en 101 ocasiones. Además de las Religiosas, cientos de personas —creyentes y no creyentes, hasta budistas eminentes— atestiguaron los hechos. Entre ellos el Capellán del Convento, el Obispo de Akita y el Alcalde de la ciudad. “La lacrimación del 8 de diciembre de 1979, fue filmada por un equipo de televisión a las once de la noche, en la fiesta de la Inmaculada Concepción, y trasmitida a doce millones de personas en todo el Japón” [5].
   
A modo de interpretación de estos hechos, nos vienen a la memoria los comentarios que Plinio Corrêa de Oliveira escribió en su columna semanal de la “Folha de São Paulo”, cuando en julio de 1972 la Imagen Peregrina Internacional de Nuestra Señora de Fátima vertió lágrimas en diversas ocasiones en la ciudad de Nueva Orleáns, Estados Unidos:
   
“El misterioso llanto nos muestra a la Virgen de Fátima llorando sobre el mundo contemporáneo como otrora Nuestro Señor lloró sobre Jerusalén. Lágrimas de afecto tiernísimo, lágrimas de dolor profundo, en la previsión del castigo que vendrá” [6].
      
Aprobación canónica
   
Después de una exhaustiva investigación que duró ocho largos años, Mons. John Shojiro Ito publicó una Carta Pastoral el 22 de abril de 1984. En ella, el Obispo de Niihata proclama que no se puede negar el carácter sobrenatural de los hechos ocurridos en el Convento de las Siervas de la Sagrada Eucaristía en Yuzawadai, y autoriza el culto a la Santísima Virgen de Akita en toda su Diócesis.
   
Posteriormente, el 20 de junio de 1988, el Cardenal Joseph Ratzinger, entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, emitió el juicio definitivo sobre dichos sucesos y mensajes, declarándolos dignos y merecedores de fe [7]. [El Cardenal observó que Akita es una continuación de los Mensajes de Fátima].

Notas:

[1] “Japanese Martyrs” en: www.newadvent.org/cathen/09744a.htm

[2] Cf. Diogo Waki, ¿Los pasos de Dios en la Historia?, en Catolicismo, no 724, abril de 2011.

[3] Su nombre científico es “Cercis siliquastrum”, originario de Palestina.

[4] Antonio Borelli Machado, Fátima: ¿Mensaje de Tragedia o de Esperanza?, El Perú necesita de Fátima, 2004, Lima, p. 60.

[5] Luis Dufaur, Nuestra Señora de Akita: la Fátima del Oriente, en: http://aparicaodelasalette.blogspot.com

[6] Lágrimas, milagroso aviso, en Tesoros de la Fe, no 46, octubre de 2005.


[7] Los textos de los mensajes de la Virgen de Akita han sido compulsados con base en las siguientes obras: P. Teiji Yasuda  S.V.D., Akita: The Tears and Message of Mary, 101 Foundation, Nueva Jersey, 1989; y, John Haffert, The Meaning of Akita, 101 Foundation, Nueva Jersey, 1989.

lunes, 26 de junio de 2017

P. Luis Ardiles sj


Dolor en Córdoba por la muerte de un sacerdote jesuita

Aica, 26 Jun 2017

La arquidiócesis de Córdoba informó el fallecimiento del padre Luis Ardiles SJ, acontecido en la ciudad de Córdoba el domingo 25 de junio.
El padre tenía 84 años de edad, 65 de jesuita y 51 de sacerdote. Su ordenación fue el 18 de diciembre de 1965 en Buenos Aires.

En su mensaje de despedida, el padre Marcos Muiño lo describe como un “pastor humilde, sencillo, con un corazón grande para ‘escuchar’ en su servicio permanente como confesor.
“Ante la partida de un compañero jesuita como el padre Luis Ardiles (Lito) me viene una certeza y la seguridad de que muchos corazones cordobeses y visitantes encontraron paz después de una confesión con él. Eso habla mucho de cómo es Dios. Y de cómo él se dejaba tratar por Aquel que lo había llamado”, detalló el sacerdote.

Además, lo calificó como “un confesor incansable, un verdadero apóstol de la misericordia” que en lugar de buscar los primeros puestos, se dejaba llevar por Dios “como un niño en brazos y tratar así a los demás, esa era su misión”.

“Él ha escuchado mucho y ha prestado la oreja para que el que pasara por la Iglesia de la Compañía sintiera que Jesús no es una idea sino alguien que te invita a pararte y a seguir adelante con alegría y esperanza. Lito enseñó que Jesús nos sonríe, nos abraza y nos renueva”, concluyó.+ 

Entre la santa indiferencia y el cómodo pasotismo


P. Jorge González Guadalix
 De profesión, cura, 21.06.17

Esta es la realidad de muchos compañeros con los que me encuentro. Realidad que por supuesto no se expresa en voz alta, pero que sotto voce es el pan nuestro de cada día. ¿Cómo estás? Bueno, ahí vamos. Aquí en la parroquia haciendo lo que se puede y poco más.

Nuestra sensación es la de vivir en una Iglesia de ocurrencias e improvisaciones, de muy fuerte romana tortícolis, donde no acabamos de ver una línea y en la que todo son grandes palabras que no significan nada. A mí saber que vivimos en una iglesia en servicio al mundo, misericordiosa, samaritana, en salida y llamada a las periferias no me aclara absolutamente nada. Palabras extraordinarias, maravillosas, epatantes y que dejan a algunos con una boca más abierta que el burgalés papamoscas. Pero nada.

Servicio al mundo. Ya sé que hay que estar con los refugiados, que hoy por hoy si no estás con los refugiados no eres nada. Preferiría que me hablasen de Cáritas, de sus líneas fundamentales, de su acción netamente evangelizadora, de su obrar según el evangelio, el catecismo y los principios de la doctrina social de la Iglesia. Vana ilusión. Servicio. Vale.

Misericordiosa. En dos semanas el gran día mundial del ¿orgullo? gay en Madrid. ¿Alguien tendrá la misericordia de decir que eso es una barbaridad, que eso va a ser Sodoma y Gomorra en las calles? Evidentemente no, a no ser algún obispo más lanzado al que sus compañeros arroparán más bien poco. Me gustaría que el santo padre diera cumplida respuesta a los cuatro cardenales, a los que algunos llaman “díscolos” por preguntar con nombres y apellidos lo que no acaban de entender, y pedir una audiencia tras casi un año de silencio. ¿No habrá misericordia para ellos? ¿Ni una audiencia, ni una respuesta?

No sé qué cosa sea iglesia samaritana, y miren que se dice y se dice. El samaritano curó las heridas de aquel lesionado por los ladrones. Samaritanos hoy, digo yo, que será para curar las heridas de todos, especialmente las causadas por el pecado. Pero es que de eso no se habla. Cosa de mal gusto.

Tampoco sé qué cosa sea lo de Iglesia en salida. Antes eso significaba hacer apostolado e ir en busca de los no creyentes, pero hoy eso está mal visto. Ya nos han explicado que el proselitismo es una cosa muy mala. Tampoco me aclaro con lo de las periferias.

Lo que vemos es que el relativismo nos puede. Familiaris Consortio está en entredicho, incluso rebatida, con Amoris Laetitia. Dominus iesus abolida en la práctica, porque al final todas las religiones vienen a ser lo mismo y bla, bla, bla. De la Veritatis Splendor nos han contado en ¿sesuda? conferencia con muy altas jerarquías presentes, que ha sido completamente superada y rebatida con Amoris Laetitia.


Comprenderán ahora lo que les quiero decir. A veces nos encontramos algunos compañeros y nos preguntamos: ¿y tú cómo lo ves? Yo me dedico sobre todo a la parroquia y a esperar a ver si las cosas se aclaran alguna vez. Mientras, tranquilidad. Pues eso. Santa indiferencia. O cómodo pasotismo. Ya iremos viendo. 

domingo, 25 de junio de 2017

Las frases más valientes del cardenal del silencio


Gabriel Ariza, 28 Marzo, 2017
Infovaticana

El Cardenal Sarah acaba de publicar en España el libro “La Fuerza del Silencio”, donde recoge varias reflexiones sobre el ruido que nos esclaviza y el silencio, necesario para escuchar a Dios.

Les ofrecemos a continuación algunas de las frases más atrevidas del libro La Fuerza del Silencio, del Cardenal Robert Sarah y el autor francés Nicolas Diat.:

Tampoco basta con callar, hay que convertirse en silencio.

El auténtico desierto está en nuestro interior, en nuestra alma. Si lo entendemos así somos capaces de comprender que el silencio es indispensable para encontrar a Dios: El Padre aguarda a sus hijos en sus propios corazones.
La soledad es el mejor estado para escuchar el silencio de Dios.

Nunca dejaré de dar las gracias a los sacerdotes buenos y santos que entregan generosamente la vida entera por el reino de Dios. Pero denunciaré sin descanso a los que son infieles a las promesas de su ordenación punto para darse a conocer o para imponer su propia visión, tanto en el plano teológico como en el pastoral, hablan y hablan sin parar. Son clérigos que repiten las mismas banalidades. No podría asegurar que Dios habite en ellos. ¿Quién es capaz de descubrir en el desbordamiento de su interioridad una fuente nacida de las profundidades divinas? Pero ellos hablan, ya los medios les guste escucharles para hacerse eco de sus necedades, sobre todo si se manifiestan a favor de las nuevas ideologías posthumanistas en materia de sexualidad, familia y matrimonio. Para estos clérigos, la idea que Dios tiene de la vida conyugal es un ideal evangélico. El matrimonio ya no es una exigencia y un querer de Dios cuyo modelo está expresado en el vínculo nupcial entre Cristo y la Iglesia. La presunción y la arrogancia de algunos teólogos les lleva incluso a exponer opiniones personales difícilmente conciliables con la revelación, la tradición, el magisterio multisecular de la Iglesia y la enseñanza de Cristo. Y así, poderosamente respaldados por el ruido mediático, llegan incluso a cuestionar el pensamiento de Dios.

¿No se habrán hecho realidad las palabras proféticas de Pablo VI citadas por Jean Guitton en su libro “Pablo VI secreto”? “Hay un gran descontento en este momento en la iglesia y lo que están cuestionando es la fe. Lo que me alarma cuando reflexiono sobre el mundo católico es que el interior del catolicismo parece dominar a veces un pensamiento de tipo no católico y puede llegar a ocurrir que este pensamiento no católico en el interior del catolicismo se convierta mañana en el más fuerte, pero nunca representar el pensamiento de la Iglesia. Es necesario que subsista un pequeño rebaño, por pequeño que sea.”

Desde su renuncia, Benedicto XVI, envuelto en el silencio de un monasterio en los jardines del Vaticano, es una réplica de los monjes. Como los contemplativos, sirve a la iglesia consagrando sus últimas fuerzas y el amor de su corazón a la oración, la contemplación y la adoración de Dios. El Papa emérito permanece delante del Señor por la salvación de las almas y para la sol gloria de Dios. Aún así, al cabo de dos milenios, ¡qué sorprende paradoja ver a tantos teólogos charlatanes, a tantos papas ruidosos, a tantos sucesores de los apostoles pretenciosos e infatuados de sus razonamientos! no obstante, la Iglesia, fundada sobre Pedro y la roca del Gólgota, es inquebrantable.

Por desgracia, las fuerzas mundanas que quieren forjar al hombre moderno eliminar metódicamente el silencio.
Es en el silencio, y no en el tumulto ni el ruido, cuando Dios penetra en las profundidades más íntimas de nuestro ser.
El silencio no es una ausencia, al contrario: Se trata de la manifestación de una presencia, la presencia más intensa que existe.

Cuanto más nos revestimos de gloria y honores, cuanto mayor es nuestra dignidad, cuanto más investidos estamos de responsabilidades públicas, de prestigio y de cargas temporales como laicos, sacerdotes u obispos, más necesidad tenemos de avanzar en la humildad y de cultivar cuidadosamente la dimensión sagrada de nuestra vida interior, procurando constantemente ver el rostro de Dios en la oración, la meditación, la contemplación y la ascesis.

Puede ocurrir que un sacerdote bueno y piadoso, una vez elevado a la dignidad episcopal, caiga enseguida en la mediocridad y el deseo de triunfar en los asuntos mundanos. Abrumado por el peso de las funciones de que está investido, movido por el deseo de hacerse ver, preocupado por su poder, autoridad, y las necesidades materiales de su cargo, se va ahogando poco a poco. Tanto él como sus obras manifiestan el deseo de ascender, el anhelo de prestigio, y una degradación espiritual. A él y al rebaño del que le ha hecho guardia en el Espíritu Santo, con el fin de que apaciente la Iglesia de Dios, les hace mucho daño que compre a Dios con la sangre de su propio hijo.

Para definir los contornos de nuestras acciones futuras conviene hacer silencio diario
Es imposible imaginar ni por un instante una vida de oración al margen del Silencio
Los sonidos y las pasiones nos apartan de nosotros mismos mientras que en silencio siempre obliga al hombre interrogarse sobre su propia vida.
El hombre que domina su lengua controla su vida como el marinero domina la nave. Y al contrario el hombre que habla demasiado es un navío borracho
Arrastrado hacia fuera por la necesidad de contarlo todo, el charlatán se halla lejos de Dios y de cualquier actividad profunda. No le queda tiempo para recogerse, para pensar, para vivir en profundidad. Con la agitación que crea en torno a él, impide a los demás el trabajo y el recogimiento fecundos. El charlatán, vano y superficial, es un ser peligroso.

La costumbre tan extendida hoy de testimoniar en público gracias divinas concedidas en lo más íntimo del hombre, lo expone a la superficialidad, a la autoviolación de la amistad interior con Dios y a la vanidad.

Nuestra época abomina de aquello a lo que nos conduce el silencio: encontrar a Dios, maravillarse y arrodillarse ante Él.

martes, 20 de junio de 2017

Los cardenales de los dubia

 piden una audiencia al Papa

(NCR/InfoCatólica), 20-6-17

El periodista norteamericano Edward Pentin, experto vaticanista, ha publicado una carta dirigida al Papa Francisco y firmada por el Cardenal Carlo Caffarra en nombre de los cuatro cardenales de los dubia. En ella, los purpurados solicitan al Pontífice una audiencia para discutir su honda preocupación con respecto a la exhortación apostólica del Papa sobre la familia, Amoris Laetitia.

La misiva en la que pedían audiencia, fechada el 25 de abril, fue entregada en mano al Papa el 6 de mayo. El Santo Padre todavía no ha acusado recibo de la petición escrita de los cardenales ni ha respondido a la misma.

Esta petición de audiencia se debe a que los dubia no han sido aclaradas después de ocho meses de su presentación, lo que ha provocado una situación de gran confusión en la Iglesia con respecto a la doctrina sobre los sacramentos del Matrimonio y la Eucaristía. Además, podría estar relacionada con la intención manifestada hace meses por el cardenal Burke de realizar una corrección al Papa en caso de que no contestara a la petición de aclaración de la doctrina de Amoris Laetitia y de su verdadera interpretación conforme al magisterio de la Iglesia.

A continuación, se incluye el texto completo de la misiva:

Santo Padre,

Con cierta inquietud, me dirijo a Vuestra Santidad durante estos días de Pascua. Lo hago en nombre de Sus Eminencias los cardenales Walter Brandmüller, Raymond L. Burke, Joachim Meisner y yo mismo.

Queremos comenzar renovando nuestra dedicación absoluta y nuestro amor incondicional a la Cátedra de Pedro y a su augusta persona, en la que reconocemos al Sucesor de Pedro y al Vicario de Jesús: el «dulce Cristo en la tierra», como le gustaba decir a Santa Catalina de Siena. No compartimos en absoluto la postura de aquellos que consideran vacante la Sede de Pedro, ni la de quienes quieren atribuir a otros la responsabilidad indivisible del munus petrino. Actuamos motivados únicamente por la conciencia de la grave responsabilidad que conlleva el munus de cardenales: ser consejeros del Sucesor de Pedro en su ministerio soberano. Y la responsabilidad que también conlleva el sacramento del episcopado, que «nos ha colocado como obispos para pastorear la Iglesia que Él compró con su sangre» (Hch 20,28).

El 19 de septiembre de 2016, entregamos a Vuestra Santidad y a la Congregación para la Doctrina de la Fe cinco dubia, pidiéndole que resolviese las incertidumbres y aclarase algunos puntos de la Exhortación Apostólica postsinodal Amoris Laetitia.

No habiendo recibido ninguna respuesta de Vuestra Santidad, hemos tomado la decisión de pedirle respetuosa y humildemente una audiencia, si le parece bien a Vuestra Santidad. Adjuntamos, como es costumbre, una Hoja de Audiencia en la que indicamos los dos puntos que deseamos discutir con usted.

Santo Padre,

Ha transcurrido un año desde la publicación de Amoris Laetitia. Durante este tiempo se han manifestado públicamente interpretaciones de algunos pasajes objetivamente ambiguos de la Exhortación postsinodal que no solo divergen del Magisterio permanente de la Iglesia, sino que son contrarias al mismo. 
A pesar de que el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe ha declarado repetidas veces que la doctrina de la Iglesia no ha cambiado, han aparecido numerosas declaraciones de obispos, cardenales e incluso conferencias episcopales que aprueban lo que el Magisterio de la Iglesia nunca ha aprobado: no solo el acceso a la Sagrada Eucaristía por parte de aquellos que objetiva y públicamente viven en una situación de pecado grave y tienen la intención de permanecer en ella, sino también una concepción de la conciencia moral contraria a la Tradición de la Iglesia. 

De este modo, sucede -¡Qué doloroso es ver esto!- que lo que es pecado en Polonia se considera bueno en Alemania y que lo que está prohibido en la archidiócesis de Filadelfia se permite en Malta. Y lo mismo en otros lugares. Esta situación recuerda la amarga observación de Blaise Pascal: «Justicia a este lado de los Pirineos, injusticia al otro; justicia en la orilla izquierda del río, injusticia en la orilla derecha».

Numerosos fieles laicos bien preparados, profundamente enamorados de la Iglesia y firmemente leales a la Sede Apostólica, se han dirigido a sus pastores y a Vuestra Santidad para ser confirmados en la sagrada doctrina sobre los tres sacramentos del Matrimonio, la Confesión y la Eucaristía. Y en estos mismos días, en Roma, seis fieles laicos de todos los continentes han presentado un seminario de estudio muy concurrido con el significativo título de «Traer claridad».

Frente a esta grave situación, en la que muchas comunidades cristianas se ven divididas, sentimos el peso de nuestra responsabilidad y nuestra conciencia nos obliga a solicitar humilde y respetuosamente una audiencia.

Pedimos a Vuestra Santidad que nos recuerde en sus oraciones y nos comprometemos a recordarle en las nuestras, a la vez que solicitamos su bendición apostólica.

Cardenal Carlo Caffarra

Roma, 25 de abril de 2017

Fiesta de San Marcos Evangelista

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HOJA DE AUDIENCIA

1. Solicitud de aclaración de los cinco puntos indicados por los dubia; razones de esta solicitud.

2. Situación de confusión y desorientación, especialmente entre los pastores de almas, in primis los párrocos.

Traducido por Bruno Moreno para InfoCatólica

El Rosario, según el Papa Francisco


Aica,  20 Jun 2017

“Acudan con frecuencia a este potente instrumento que es la oración del Santo Rosario, para que lleve la paz en el corazón, en la familia, en la Iglesia y en el mundo”, expresó el papa Francisco en video mensaje dirigido al obispo de Gozo, Malta, monseñor Mario Grech, con motivo de la inauguración de un mosaico en el cementerio del Santuario de la Virgen de Ta’ Pinu, que representa el Santo Rosario, el pontífice animó a rezar esta “oración potente”, que es al mismo tiempo “simple y accesible a todos”.

“También yo, con frecuencia, rezo el Rosario delante de un mosaico”, dijo el Santo Padre y explicó que se trata de un “pequeño mosaico de la Virgen con el Niño donde parece que es María la que figura en el centro, cuando en realidad, ella, usando sus manos, hace una especie de escalera mediante la cual Jesús puede descender en medio de nosotros”.
Francisco se vale de esta imagen para explicar que “el centro siempre es Jesús, que desciende para caminar con nosotros los hombres, con el fin de que podamos subir al cielo con Él”.

En este sentido, destaca que el Santo Rosario es “una oración contemplativa simple, accesible a todos, grandes y pequeños”.
Además, explica que “en la oración del Rosario nos dirigimos a la Virgen María para que nos lleve siempre más cerca de su Hijo Jesús, para conocerlo y amarlo cada vez más.
“Mientras repetimos ‘Ave María’ –continúa–, meditamos los misterios gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos de la vida de Cristo, pero también de nuestra vida, porque nosotros caminamos con el Señor”.

“Esta sencilla oración, de hecho, nos ayuda a contemplar todo aquello que Dios, en su amor, ha hecho por nosotros y por nuestra salvación, y nos hace comprender que nuestra vida y unidad es la de Cristo”, aseguró.


Rezando el Rosario, “le entregamos todo a Dios: nuestras fatigas, nuestros dolores, nuestros miedos, pero también nuestras alegrías, nuestros dones, nuestras personas queridas, todo a Dios. Rezando permitimos a Dios entrar en nuestro tiempo para que acoja y transfigure todo lo que vivimos”.+