martes, 21 de noviembre de 2017

Científicos e intelectuales católicos piden una reforma de la Pontificia Academia de las Ciencias




En una declaración denuncian la presencia de defensores del control demográfico en eventos vaticanos.

INFOVATICANA 21 noviembre, 2017

(Lepanto Institute)– Se ha publicado una declaración de doce páginas en la que se pide al Vaticano la reforma de la Pontificia Academia de las Ciencias y de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales debido a la influencia de defensores del control demográfico en los eventos académicos. La declaración, firmada por diversos científicos y líderes laicos católicos de renombre, ha puesto en evidencia distintas cuestiones que atañen tanto a la ciencia como a la integridad de la enseñanza moral católica.

«En el centro de la cuestión está el hecho que defensores importantes del control demográfico están utilizando ambas academias para conseguir la aprobación de sus programas por parte de la autoridad moral de la Iglesia», ha declarado Michael Hichborn, presidente del Lepanto Institute.  «Nuestra esperanza al publicar esta declaración es que se lleven a cabo reformas serias que permitan que las academias puedan llevar a cabo su misión inicial sin el peligro de ser manipuladas políticamente».

La declaración advierte sobre el papel clave que juegan, con su influencia, diversas personalidades en eventos organizados por dichas Academias, como en el caso de Jeffrey Sachs, que defiende con fuerza la reducción de los índices de natalidad para combatir la pobreza o el cambio climático global. Al subrayar que Sachs declaró en uno de los eventos organizados por la Pontificia Academia de las Ciencias que la enseñanza social de la Iglesia está en línea con los Objetivos para un Desarrollo Sostenible, la declaración afirma:

«Cuando se afirma que hay un interés común entre la enseñanza social de la Iglesia y los objetivos seculares, que incluyen la utilización de medios moralmente ilícitos para reducir los índices de natalidad, está claro que el peligro para la salvación de las almas es real».

El Dr. Glenn Juday, co-autor de la declaración con Hichborn, ha afirmado: «La Iglesia siente un gran respeto por la integridad del método científico. Resolver los serios problemas de desarrollo humano y ambiental que afectan al mundo requiere el punto de vista de la ciencia y la moral, junto a una directriz ética. Es necesario que la Iglesia reforme la administración de las Pontificias Academias de las Ciencias y de las Ciencias Sociales para que no se utilicen atajos éticos que impidan la defensa del valor y la divinidad de la vida humana inocente. La ciencia y la misión religiosa de la Iglesia deben caminar juntas en armonía».

Estos son los nombres de otros firmamentes de la carta: Jay H. Lehr, PhD, científico senior en AR Environmental Services Inc. y Director científico del Heartland Institute; William M. Briggs, PhD, Profesor en la Cornell Medical School y meteorólogo en el National Weather Service; Harold H. Doiron, PhD, científico retirado de la NASA; Judie Brown, Presidenta de la American Life League; Steven Mosher, Presidente del Population Research Institute.


Para leer toda la declaración y la lista de firmantes: http://www.lepantoinstitute.org

sábado, 18 de noviembre de 2017

Venerable Juan Pablo I: legado, profecía, actualidad



De los Papas del último siglo tres son santos (Pío X, Juan XXIII y Juan Pablo II), un beato (Pablo VI) y otro (Pío XII), al igual que ya Juan Pablo I, venerable

Jesús de las Heras Muela
Ecclesia, 17-11-17

El jueves 9 de noviembre se dio a conocer que el Papa Francisco ha autorizado la promulgación del decreto de virtudes de heroicas de Albino Luciani, el Papa Juan Pablo I. Esto significa que el Pontífice está mucho más cerca de la beatificación y que el proceso, que se iniciara en 2003, va por buen camino. De momento, la Iglesia ya reconoce la ejemplaridad de su vida y ya es venerable.

Al mismo tiempo se han conocido más datos sobre su la repentina muerte de quien tan solo estuvo 33 días (del sábado 26 de agosto al jueves 28 de septiembre de 1978) al frente de la Iglesia. Mucho se especuló sobre tan breve pontificado y las causas de la muerte de Juan Pablo I que ahora se han esclarecido gracias a la investigación de la periodista Stefania Falasca, vicepostuladora de la causa de canonización. En su libro “Papa Luciani, crónica de una muerte”, Falasca asegura que Juan Pablo I no murió asesinado, sino que falleció por un ataque al corazón.

Así se desprende de la documentación clínica a la que tuvo acceso la vicepostuladora y de la entrevista que realizó a sor Margherita, una de las religiosas que atendía al Pontífice. La monja asegura que, poco antes de cenar por última vez, Luciani sufrió una indisposición física a la que no dio importancia, pero que resultó determinante para su muerte. Desmiente, además, que el Pontífice estuviera agitado o preocupado por su responsabilidad. Parece ser que Luciani sufrió un dolor en el pecho que remitió y no se consideró de gravedad, mientras estaba sentado y preparado para rezar con el padre Magee, uno de sus secretarios.

Según el informe al que tuvo acceso Falasca, ese malestar fue el preludio del ataque al corazón que el Papa de la sonrisa sufriría esa misma noche. Entre la documentación que también adjunta el libro de la vicepostuladora se encuentra un registro clínico de 1975 en el que indica que Albino Luciani padeció una patología cardiovascular resuelta.

Una calurosa tarde del estío de 1978

En torno a las siete de la tarde del sábado 26 de agosto de 1978, el cónclave reunido tras la muerte, veinte días antes del Papa Pablo VI, elegía nuevo Obispo de Roma y Pastor Supremo de la Iglesia católica a un desconocido y humilde obispo del norte de Italia: el cardenal Albino Luciani, patriarca de Venecia desde 1969. Tenía 65 años de edad.

Su elección pontificia fue necesariamente  fácil y sencilla, pues resultó elegido en apenas veinticuatro horas, en la tercera sesión de escrutinios. Su nombre, no obstante, apenas aparecía en la “rosa de los papables” de los grandes medios de comunicación social. Su perfil era el de un discreto y humilde pastor, el de un gran párroco y mejor catequista, sin que –excepto en Italia y entre los cardenales, naturalmente- su nombre hubiera contado en las jornadas previas al cónclave.

El Papa de las sorpresas

No fue, con todo, esta la primera sorpresa de aquel verano de 1978. La segunda sorpresa vino con la elección del nombre con que iba a sentarse en la Cátedra de San Pedro y calzar las sandalias del Pescador: Juan Pablo I, el primer nombre compuesto en la historia del pontificado romano. Un nombre lleno, eso sí, de sabiduría: aunar los legados del Papa Juan XXIII y su sabiduría del corazón y el del Papa Pablo VI y su sabiduría de la inteligencia, como el mismo Luciani desveló nada más ser elegido Sumo Pontífice.

La tercera sorpresa empezó a llegar, a la par que con la sonrisa que ha pasado a la historia, en cuanto comenzó a hablar, en cuanto empezó a mostrarse. Era, en efecto, un Papa sencillo, humilde, del pueblo; un Papa catequeta, que hablaba también de los gondoleros, de Pinocho, de Dickens, de Mark Twain, de Fígaro, de Marconi… Era el Papa que ofrecía “migajas” de la mejor catequesis y que destilaba el inconfundible aroma de la frescura evangélica, de la verdad desde la sencillez, del amor desde la humildad.

Su mismo curriculumn vitae lo presentaba como un eclesiástico de provincias, bien preparado, curtido en la pastoral y en el gobierno, con alguna escasa experiencia internacional, bien valorado y querido por sus hermanos obispos de Italia y, sobre todo, por sus fieles. Pero ¿iba a ser, como Juan XXIII, el párroco del mundo o la cruz se iba a instalar en su ministerio hasta nublar su sonrisa, como aconteciera con Pablo VI? Tiempo a tiempo –pensábamos-. mientras él que mismo decía de sí era como un pobre gorrión que, en la última rama del árbol, no hace más que piar, diciendo algún que otro pensamiento sobre temas complejísimo… Y así, en medio de la acogida entusiasta, comenzaban a su discurrir sus primeros… y últimos días.

Y es que la mayor de las sorpresas nos la deparó Juan Pablo I tan solo treinta y tres días después de su llegada: en la noche del jueves 28 de septiembre fallecía de fulminante ataque de corazón. Después se supo que su salud era muy precaria, aun cuando tanto y tan innecesariamente se ha fabulado sobre su muerte.

Cuando a primera hora del viernes 29 de septiembre de 1978 se supo su muerte, la catolicidad y el mundo entero quedaron consternados. En un mes Juan Pablo I había llegado al corazón de la humanidad, su sonrisa había llenado de esperanza a tantos. Y su muerte era un mazazo doloroso, un acontecimiento imprevisto e imprevisible, un indescifrable y alertador signo.

En los Dolomitas

Albino Luciani nació en Forno di Canale (en la actualidad, Canale D´Agordo) el 17 de octubre de 1912. Ese mismo día, por peligro inminente de muerte, fue bautizado por la asistente sanitaria de su alumbramiento. Dos días después, recibió en la parroquia el resto de los ritos bautismales. La tierra de Luciani se halla en la región italiana del Véneto, en Belluno, muy cerca de la cadena montañosa de los Dolomitas.

Inició sus estudios a los seis años. El 26 de septiembre de 1919 recibió el sacramento de la confirmación. En 1923 ingresa en el seminario menor de Feltre y cinco años después en el seminario mayor de Belluno. El 2 de febrero de 1935 fue ordenado diácono y el 7 de julio de aquel mismo año fue ordenado sacerdote.

Los dos primeros años de su ministerio sacerdotal los pasó en Belluno y en Canale D´Agordo, dedicado a la pastoral parroquial y a la enseñanza, mientras que en los diez años siguientes fue formador y profesor del seminario de Belluno a la par que estudia Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. “El origen del alma humana en la teología de Antonio Rosmini” fue el título de su tesis doctoral, defendida el 27 de febrero de 1947 y publicada tres años más tarde. Entre 1947 y 1958, sirvió en la curia diocesana de Belluno, en los más destacados cargos, es canónigo de la catedral y director del secretariado de Catequesis, y publicó su primer libro: “Catequesis en migajas”.

Obispo también en el Véneto

El 15 de diciembre de 1958 fue nombrado obispo por el Papa Juan XXIII, quien personalmente le confiere el orden episcopal en la basílica romana de San Juan de Letrán doce días después. Durante once años fue  obispo de la diócesis de Vittorio Veneto. Son años de visitas pastorales, de participación en el Concilio Vaticano II y del primero de sus viajes internacionales con destino a la misión diocesana de Vittorio Veneto en Burundi.

El Papa Pablo VI lo trasladó a Venecia, capital, capital del Véneto. El nombramiento para Luciani de la sede patriarcal de San Marcos se hizo público el 15 de diciembre de 1969. Durante nueve años fue el pastor de la histórica diócesis y de la  romántica ciudad de los canales y de las góndolas sobre el Adriático, que antes habían ocupado, ya en el siglo XX, Giuseppe Sarto y Angelo Giuseppe Roncali, posteriormente los respectivos Papas Pío X y Juan XXIII. También la visita pastoral fue una de sus principales ocupaciones.

De 1972 a 1975 fue vicepresidente de la Conferencia Episcopal Italiana, por votación de sus miembros. Realizó asimismo viajes a Suiza, Alemania, Yugoslavia y Brasil y participó en las Asambleas Generales Ordinarias del Sínodo de los Obispos de 1971, 1974 y 1977, dedicadas respectivamente al ministerio sacerdotal y la justicia en el mundo, la evangelización y la catequesis.

El 16 de septiembre de 1972 el Papa Pablo VI realizó una visita apostólica a Venecia. En plena de plaza de San Marcos, abarrotada de fieles, el Papa Montini se quitó su estola pontificia y se la colocó al patriarca Luciani, en un premonitorio gesto de amistad y confianza. Meses después –el 5 de marzo de 1973- fue creado cardenal, con el título presbiteral de la céntrica iglesia romana de San Marcos, frente al Capitolio. En enero de 1976, publicó su libro “Ilustrísimos señores”, una deliciosa colección de cartas dirigidas a personajes históricos y de ficción, que alcanzaría gran difusión internacional tras su elección papal.

El 10 de agosto de 1978, tras la muerte cuatro días antes de Pablo VI, viajó a Roma para los funerales del Papa y posterior cónclave. Ya no regresaría jamás a Venecia ni a su Belluno natal. Ya no saldría de Roma: el 26 de agosto es elegido Papa, el 3 de septiembre es la celebración oficial del comienzo de su ministerio apostólico petrino y en la noche del 28 al 29 de septiembre, fallece de repente.

Su memoria y su legado

Con un pontificado tan efímero e inédito, su figura es, sobre todo, la de un símbolo, la de un estilo, la de una profecía. Juan Pablo I fue el Papa de la sonrisa para una Iglesia y un mundo que necesitaban de ella. Juan Pablo I fue el Papa de la sencillez evangélica: el primer Papa contemporáneo en abandonar, por ejemplo, el “nos” mayestático, la silla gestatoria y la tiara (Pablo VI fue coronado, pero donó la corona a los pobres del mundo).

Fue el Papa catequista, concreto, sencillo, directo al corazón. Fue, por todo ello, Papa de esperanza y el Papa que cedió el paso –quizás misterio y prodigioso signo de la Providencia- a su sucesor, Juan Pablo II el Magno, el Papa quien, de alguna manera y de tantos modos, “revolucionó” y modernizó definitivamente el pontificado romano.


Pedro apenas, Juan Pablo I, Papa de la verdad desde la sencillez, del amor desde la humildad y de la frescura auténticamente cristiana en migajas,  nos legó el buen e inconfundible olor y sabor del Evangelio.  Y no obstante a su fugacidad, se suma así y por todo lo anterior a la magnífica pléyade de extraordinarios y santos Papas que han regido nuestra Iglesia en los últimos ciento ochenta años. Y con su sonrisa, tímida, humilde –“Humilitas”- era la única y elocuente frase de su lema episcopal y pontificio- y luminosa, sigue acogiendo y bendiciendo a la Iglesia y a la humanidad enteras.

viernes, 17 de noviembre de 2017

Mons. Castagna

 “Negar la fe es ocultar la propia identidad”

Aica, 17 Nov 2017

 El arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Castagna, rechazó el argumento de quienes atribuyen a una “presunta ilegitimidad” el hecho de “mezclar” la religión y la política. “Negar la fe es ocultar la propia identidad; el pensamiento que alienta su compromiso histórico y su auténtica solidaridad con sus conciudadanos”, sostuvo en su sugerencia para la homilía dominical.

Texto de la sugerencia

1.- Dios confía “sus bienes” a los hombres. Dios reparte talentos para que sus administradores los multipliquen. En la parábola de la moneda corriente: un talento es mucha plata. En la distribución mencionada el propietario compromete su fortuna: “El Reino de los Cielos es también como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes”. (Mateo 25, 14). No entendemos a un Ser tan perfecto como Dios, confiando “sus bienes” a seres tan frágiles e irresponsables. ¿Qué misteriosa capacidad posee el ser humano para que Dios confíe en él? El pecado sería motivo suficiente para excluirlo definitivamente de su confianza. El hombre, como manufactura de Dios, está dotado - por su mismo Creador – de cualidades apropiadas para convertirse en una obra genial. La libertad, para que su necesaria cooperación logre su cometido, es el secreto de su dignidad e incluye el riesgo del pecado. En suma, el pecado es un mal uso de la libertad. El pecador necesita curar su libertad y usarla bien. Cristo es el Cordero de Dios, que vino para ser efectiva esa sanación: “Es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1, 35).

2.- Formas diversas de administrar los bienes. Los talentos constituyen los bienes del Señor, confiados a la administración de los hombres. Algunos los administran muy bien y, otros, los inmovilizan para no emprender la operación “financiera” debida, aunque riesgosa. Jesús crea un relato para explicar pedagógicamente las responsabilidades que todos los seres humanos deben asumir para llevar a su concreción la obra genial de Dios. La severidad, aplicada por el divino Maestro a los indolentes, no deja margen a la duda. El descuido de los deberes propios - por omisión o comisión - echa un manto de sombras sobre el comportamiento de gran número de ciudadanos y de sus dirigentes. Es sorprendente el rechazo a todo autoexamen por parte de quienes insisten en no dejarse indagar por la verdad y someterse a la justicia. Ante las consecuencias ocasionadas por errores, manifiestos u ocultos, no existe otro remedio que el examen humilde de la propia conciencia y el cambio. Cuando los desaciertos, a veces muy graves, son presentados como aciertos se produce una cerrazón de la conciencia moral y la absoluta imposibilidad de un necesario cambio. Alarmante situación en la que se hallan entrampados muchos responsables de la sociedad.

3.- La fe y la política. El camino de salvación es un sendero penitencial. El Evangelio, constituyéndose en un llamado a la conversión, reclama el arrepentimiento por los errores cometidos y su consecuente eliminación. Al mismo tiempo, es gracia o “poder de Dios”, como auxilio necesario para el cambio, y rectificador del rumbo hacia el bien y la verdad. Desde la fe se identifica a Dios como término final de esa rectificación. Es admirable cómo, el anuncio del Evangelio, interesa a la historia secular. En el mundo de cierta incredulidad activa se pretende impugnar toda expresión religiosa como si fuera incompatible con el compromiso histórico. El creyente es un ciudadano que tiene derecho a confesar que cree, como el no creyente de manifestar que no cree. Es deber de todos respetar el derecho del otro y de manifestar sus convicciones, mientras no intenten imponerse - por presión religiosa, ideológica o política - a quienes no piensen del mismo modo. Escuché de un auto calificado “ateo” una crítica dirigida a un prominente político porque había osado expresar públicamente su fe religiosa. Su argumento, de débil consistencia antropológica, se basaba en la presunta ilegitimidad de “mezclar” la religión y la política. Negar la fe es ocultar la propia identidad; el pensamiento que alienta su compromiso histórico y su auténtica solidaridad con sus conciudadanos.


4.- La universalidad de Cristo. Sin duda el mensaje evangélico es universal, corresponde escucharlo y obrar en consecuencia. El mandato de transmitirlo no habla de circunscribirlo a los amigos y simpatizantes. Nadie debe quedar fuera. La sustancia de su contenido tiene en cuenta a todos los pueblos y sus culturas. También es inmodificable, sea cual fuere la nacionalidad y el talante cultural de quienes lo reciben. Todo lo bueno es adaptable a la legítima búsqueda de Dios, y de la Verdad. Cristo es la transparencia de Dios para todos. Lo importante es no encerrarlo en preconceptos y lograr que todos los pueblos lo identifiquen como su Salvador. En la búsqueda de una metodología adecuada, los Apóstoles no desdeñaban las expresiones de culturas muy diversas, que no se opusieran al precepto máximo de la caridad. ¡Enorme desafío! Parangonado con la magnitud de la tarea administradora de todos los hombres en la Creación.+ 

Benedicto XVI y la Teología de la liberación


ENTREVISTA A CLODOVIS BOFF, HERMANO DE LEONARDO BOFF: 
"RATZINGER TENÍA RAZÓN" -

En mayo de 1986, los hermanos Clodovis y Leonardo Boff publicaron una carta abierta al cardenal Joseph Ratzinger. En ella se analizaba la Instrucción "Libertatis Conscientia" la que el futuro Papa Benedicto XVI  corregía los supuestos desvíos de teología de la liberación en América Latina. Los religiosos brasileños desaprobaban, con un toque de ironía y una buena dosis de audacia, un “lenguaje con 30 años de retraso",  según el texto.
En una entrevista por teléfono a Folha de São Paulo, Fray Clodovis afirma que Benedicto XVI “defendió el proyecto esencial de la Teología de la Liberación”, es decir “el compromiso con los pobres como consecuencia de la fe”, al mismo tiempo que "criticó la influencia marxista”.

 LA ENTREVISTA A FRAY CLODOVIS BOFF, PUBLICADA EN "Folha de São Paulo" - 11 de marzo de 2013.

POR ALEXANDRE GONÇALVES.-

¿ Benedicto XVI fue el gran enemigo de la teología de la liberación?
Eso es una caricatura. En los dos documentos que publicó, Ratzinger defendió el proyecto esencial de la teología de la liberación: el compromiso con los pobres como consecuencia de la fe. Al mismo tiempo, critica la influencia marxista. De hecho, es una de las cosas que yo también crítico.
En el documento de 1986, él apunta la primacía de la liberación espiritual, perenne, sobre la liberación social, que es histórica. Las corrientes hegemónicas de la teología de la liberación prefirieron no entender esa distinción. Esto hizo que, muchas veces, la teología degenerase en ideología.

¿Y los procedimientos inquisitoriales contra algunos teólogos?
Él expresaba la esencia de la iglesia, que no puede entrar en negociaciones cuando se trata del núcleo de la fe. La Iglesia no es como la sociedad civil, donde la gente puede decir lo que le plazca. Estamos vinculados a una fe. Si alguien profesa algo diferente a esta fe, se está autoexcluyendo de la Iglesia. En la práctica, la iglesia no expulsa a nadie. Sólo declara que alguien se excluye del cuerpo de los fieles porque comienza a profesar una fe diferente.

¿No hay margen para la caridad cristiana?
El amor es lúcido, corrige cuando considera necesario. El jesuita español, Jon Sobrino dice: "La teología nace de los pobres”. Roma simplemente responde: "No, la fe nace en Cristo y no puede nacer de una manera diferente."

¿Cuándo se convirtió usted en crítico de la teología de la liberación?
Desde el principio, siempre fui claro sobre la importancia de colocar a Cristo como el fundamento de toda teología. En el discurso hegemónico de la Teología de la Liberación, notaba que esta fe en Cristo era puesta en un segundo plano. Pero reaccionaba de manera condescendiente.“Con el tiempo esto se corregirá”, pensaba interiormente. Me equivoqué.

"No es la fe que confiere un sentido sobrenatural o divino a la lucha, al contrario: ese sentido objetivo e intrínseco confiere a la fe su fuerza." ¿Todavía cree en eso?

Abjuro de esa frase boba. Fue mi fase “rahneriana”. El teólogo alemán Karl Rahner estaba fascinado por los avances y los valores del mundo moderno y, al mismo tiempo, pero, al mismo tiempo, veía que la modernidad se secularizaba cada vez más.
Rahner no podía aceptar la condena de un mundo que amaba y concebía la teoría del "cristianismo anónimo": cualquier persona que luche por la justicia ya es un cristiano, incluso sin creer explícitamente en Cristo. Los teólogos de la liberación tienden a cultivar la misma admiración ingenua por la modernidad.
El "cristianismo anónimo" constituía una óptima excusa para, dejando de lado a Cristo, la oración, los sacramentos y la misión, dedicarse a la transformación de las estructuras sociales. Con el tiempo, me di cuenta de que eso es insostenible, por no tener bases suficientes en el Evangelio, en la gran tradición y en el magisterio de la iglesia.

¿Cuando rompió usted con el pensamiento de Rahner?
En los años 70, el cardenal D. Eugenio Sales retiró mi licencia para enseñar teología en la Universidad Católica de Río de Janeiro. El teólogo que asesoraba al cardenal, D. Karl Joseph Romer, quiso conversar conmigo: "Clodovis, creo que te equivocas, no basta hacer el bien para ser cristiano. La confesión de la fe es esencial”. Estaba en lo cierto.
Asumí una postura más crítica y vi que, con la rahnerismo, la iglesia se tornaba absolutamente irrelevante. Y no sólo eso: el mismo Cristo. Dios no necesitaría revelarse en Jesús  si quisiese simplemente salvar al hombre por la ética y el compromiso social.

¿Benedicto XVI sepultó los avances del Vaticano II?
Quién afirma eso cree que el Concilio Vaticano II creó una nueva iglesia y rompió con 2.000 años de cristianismo. Es un error. El Papa Juan XXIII fue muy claro al señalar que el objetivo era, preservando la sustancia de la fe, presentarla sobre prendas más adecuadas para el hombre contemporáneo.
Benedicto XVI garantiza la fidelidad al Concilio. Al mismo tiempo, combatió los intentos de secularizar la Iglesia, porque una Iglesia secularizada es irrelevante para la historia y para los hombres. Se convierte en  un partido, en una ONG.

Pero ¿la rehabilitación de la misa en latín? ¿Y el intento de rehabilitación de los tradicionalistas que rechazaron el  Concilio Vaticano II?
No podemos olvidar que la condición impuesta a los tradicionalistas era exactamente que aceptaran el  Concilio Vaticano II. El catolicismo es, por naturaleza, inclusivo. Hay espacio para los que les gusta el latín, para aquellos a los que no les gusta, para todas las tendencias políticas y sociales, siempre que no se contrapongan a la fe de la iglesia.
Quién se opone a esta apertura manifiesta un espíritu anti-católico. Varios grupos considerados progresistas cayeron en el sectarismo. Estos grupos no fueron la excepción. Benedicto XVI sufrió una dura oposición durante todo su pontificado. Y La mayoría de las críticas internas partieron de sectores de la Iglesia que se dejaron colonizar por el espíritu de la modernidad hegemónica, que no admiten la centralidad de Dios en la vida.
Elevan la opinión personal como criterio último de verdad y les gustaría decidir los artículos de la fe en base a un plebiscito. Tales críticas sólo expresan la penetración del secularismo moderno en los espacios institucionales de la iglesia.

¿Cómo describiría  la relación de Benedicto XVI con la modernidad?
Es posible identificar cierto pesimismo en sus reflexiones. Pero no es el único. Hay un río de la literatura sobre la crisis de la modernidad, que incluso nos remite a autores como Nietzsche y Freud. ¿Que tiene él de diferente? Propone una salida: una apertura a lo trascendente.

Aún así, hay pesimismo.
Hay algo que precisaría corregir: Benedicto XVI toma demasiado en serio el secularismo moderno. Es una tendencia de los cristianos europeos. Se olvidan de que el laicismo es una cultura de minorías. Son poderosas, hegemónicas, pero todavía minorías.
La religión es una opción de 85% de la humanidad. Los ateos son sólo 2,5%. Los agnósticos no alcanzar el 15%. Minorías culturalmente importantes, sin duda: dominan el micrófono y la pluma, los medios de comunicación y el mundo académico. Pero se están quedando sin gas. Hay un renovado interés por la espiritualidad entre los jóvenes.

¿Qué otras críticas haría a Benedicto XVI?
Él preferiría resolver problemas teológicos que tratar sobre asuntos administrativos de la Curia. Esto creó varias limitaciones durante su pontificado. Tampoco tiene el carisma de Juan Pablo II. En cierto modo, era lo esperado en un intelectual como él.

¿Es hora de que la iglesia se posicione más cerca de la realidad de los fieles?
Benedicto XVI no solucionó un problema que se arrastra desde desde el Concilio Vaticano II: la necesidad de crear canales para que la cúpula escuche y dialogue con las bases.
Los sacerdotes de las parroquias se sienten a menudo presionados entre la letra fría que viene de la cúpula y el sufrimiento diario de los fieles, que puede implicar dramas como el aborto o el divorcio. Tenga en cuenta que no sugiero cambios en la enseñanza de la iglesia. Pero creo que sería más fácil para que la gente viva la doctrina católica si hubiera procesos para facilitar este diálogo.

¿Cómo ve el futuro de la iglesia?
La modernidad no tiene nada más que decir al hombre postmoderno. ¿Cuáles son las ideologías que mueven el mundo? ¿El marxismo? ¿El socialismo? ¿El liberalismo? ¿El neoliberalismo? Todas perdieron credibilidad. ¿Quién tiene algo que decir? Las religiones y, sobre todo, en Occidente, la Iglesia Católica.



martes, 14 de noviembre de 2017

Terroristas mapuches, contra la visita del Papa


catolicos-on-line, noviembre 2017

En protesta por la visita del Papa Francisco a Chile unos terroristas quemaron un autobús interurbano en el sur de Chile. Uno de los mensajes que dejaron fue «Fuego a las iglesias, no eres bienvenido en la Araucanía Papa Francisco».

El Papa visitará Chile entre el 15 y 18 de enero, las ciudades de Santiago, Iquique y Temuco.

Son constantes en el sur del país los conflictos originados por comunidades mapuches que reclaman tierras que consideran suyas por haber pertenecido a sus ancestros, lo que genera violentas protestas contra el gobierno y la Iglesia.

Debido a este conflicto, muchos templos católicos y evangélicos han sido blancos de ataques por parte de grupos extremistas que consideran a la Iglesia como un enemigo.

El más reciente fue el reciente ataque durante el pasado viernes 10 de noviembre, cuando cuatro encapuchados interceptaron el autobús cuando circulaba por el sector de Pidima, a unos 570 kilómetros de Santiago, en la Araucanía.

Amenazaron con armas de fuego al conductor y obligaron a los pasajeros a descender del vehículo, para finalmente quemarlo en las cercanías de una comunidad mapuche de la zona.


Junto al mensaje en contra de la visita del Santo Padre, los atacantes también dejaron otro mensaje: «Libertad a Daniel Melinao y Presos Mapuches de Angol, fuera políticos», en relación a quienes han sido procesados y condenados por los atentados ocurridos en la zona.

lunes, 13 de noviembre de 2017

La incoherencia de los cristrianos

 es una de las armas más efectivas que tiene el diablo’

Aciprensa 13 noviembre, 2017

Durante la Misa celebrada en la Casa Santa Marta, en el Vaticano, el Papa Francisco advirtió contra el escándalo que causa heridas en el pueblo de Dios muy difíciles de curar, y que pueden matar la esperanza.

Por eso, pidió a los cristianos que sean coherentes, porque con su incoherencia pueden causar grave escándalo. “Cuántos cristianos, con su ejemplo, alejan a la gente, con su incoherencia, con su propia incoherencia. La incoherencia de los cristianos es una de las armas más efectivas que tiene el diablo para debilitar al pueblo de Dios y para alejar al pueblo de Dios del Señor. Decir una cosa y hacer otra”.

“Esa incoherencia produce escándalo –continuó el Santo Padre–. Por lo tanto, debemos preguntarnos: ¿cómo es mi coherencia de vida? ¿Soy coherente con el Evangelio? ¿Soy coherente con el Señor?”.

Como ejemplo de incoherencia, habló de los empresarios cristianos que no pagan el sueldo justo o que se sirven de la gente para enriquecerse, o también el escándalo de los pastores de la Iglesia que no cuidan al rebaño y permiten que se alejen.

Francisco explicó que “es inevitable que se produzcan escándalos, pero, como señala Jesús en el Evangelio, ¡ay de aquel por el que se produzcan! Hay que estar atentos a no escandalizar. El escándalo es dañino porque causa una herida, hiere la vulnerabilidad del pueblo de Dios y hiere la debilidad del pueblo de Dios. Muchas veces estas heridas se llevan para toda la vida. Y no sólo causa heridas, el escándalo también es capaz de matar: mata esperanzas, mata ilusiones, mata familias y mata muchos corazones”.

También recordó que “Jesús nos dice que no se puede servir a dos señores, a Dios y al dinero, y cuando el pastor está apegado al dinero, escandaliza. La gente se escandaliza: el pastor apegado al dinero. El pastor que trata de crecer, cuya vanidad le hace irse arriba en vez de ser humilde y tierno, porque la ternura y la humildad favorecen la cercanía al pueblo. O el pastor que se siente señor y que da órdenes a todos, orgulloso, en vez de ser un pastor servidor del pueblo de Dios. Todo pastor debe preguntarse: ¿cómo es mi relación con el dinero?”.


El Papa finalizó su homilía invitando a hacer examen de conciencia: “¿Soy causa de escándalo y por qué? De esa manera podemos responder al Señor y acercarnos un poco más a Él”.

martes, 31 de octubre de 2017

Acción incomprensible


El Vaticano publicará un sello con los herejes Lutero y Melanchton al pie de la Cruz

(InfoCatólica), 31-10-17

El sello postal de 1 euro emitido por la Oficina Filatélica de la Santa Sede muestra en primer plano a Jesús Crucificado, y en el fondo «una vista dorada e intemporal de la ciudad de Wittenberg», según la descripción del Vaticano.

Y añade:

«Con una disposición penitencial, arrodillándose respectivamente a la izquierda y derecha de la cruz, Martín Lutero tiene la Biblia, fuente y destino de su doctrina, mientras que Felipe Melanchthon, teólogo y amigo de Martín Lutero, y uno de los principales protagonistas de la reforma, sostiene en la mano la Confesión de Augsburgo (Confessio Augustana), la primera presentación pública oficial de los principios del protestantismo escritos por él».