sábado, 19 de agosto de 2017

El ex general de los dominicos

llama a liberarse de la dictadura de la tradición

catolicos-on-line, agosto 2017

Timothy Radcliffe, OP, Maestro de la Orden de Predicadores del 1992 al 2001 y consultor del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, dio recientemente una charla en Australia en la que criticó duramente el uso de la Tradición para abordar el matrimonio y el divorcio.

Un artículo publicado en la página oficial de la Orden Dominicana revela que Radcliffe habló del «absolutismo y la tiranía de la tradición que produce una exclusión de la creatividad» en una charla que tuvo lugar el pasado 10 de mayo en Brisbane, Australia.

«El P. Radcliffe desarrolló esta idea al hablar del matrimonio, el divorcio y la comunión», explica la web dominica. El dominico aseguró que si las personas divorciadas vueltas a casar se enfrentan a su propia responsabilidad y fracaso, si se enfrentan a lo que habían hecho, quizás lo mejor para ellas sea volver a la medicina de la Eucaristía, pero no habla de la necesidad de abandonar su condición de divorciados vueltos a casar.

Igualmente hizo referencia al hecho de que hasta el siglo III la Iglesia excluía para siempre a los que habían cometido el pecado de adulterio, mientras que luego se decidió que podían volver a la comunión eclesial (n. de InfoCatólica: obviamente siempre que dejaran el adulterio atrás, no sin dejarlo como se pretende ahora).

Radcliffe puso especial énfasis en el papel que desempeña la «conciencia» como norma para decidir si los católicos que viven en relaciones objetivamente pecaminosas pueden recibir la Sagrada Comunión. Es decir, contradice expresamente el Magisterio de la Iglesia, especialmente el de la encíclica Veritatis Splendor de San Juan Pablo II:

No es la primera vez que el fraile que dirigió durante nueve años la Orden de los Predicadores manifiesta opiniones contrarias al magisterio de la Iglesia. Por ejemplo, esto afirmó sobre la homosexualidad en el año 2005:


«¿Cómo abordar la cuestión de la sexualidad gay? ¡No podemos comenzar con la pregunta de si está permitido o prohibido! Debemos preguntar lo que significa, y en qué medida es  Eucarístico. Ciertamente puede ser generosa, vulnerable, tierna, mutua y no violenta. Por lo que, de muchas formas, pensaría que puede ser una expresión de la autodonación de Cristo. También podemos observar cómo puede ser una expresión de fidelidad mutua, una relación de alianza en la cual dos personas se unen el uno al otro para siempre…»

Homilía del cardenal Sarah en La Vendée


catolicos-on-line, agosto 2017

El domingo  XIX del tiempo ordinario, el cardenal Sarah, prefecto de la Congregación para el Culto Divino, celebró la Santa Misa en la catedral de La Vendée, región francesa cruelmente martirizada por los revolucionarios franceses por negarse a abandonar su fe católica. Esta es la homilía que pronunció.

Hermanos:
Ofrecemos esta noche el sacrificio de la misa por el descanso de todos los benefactores de Puy du Fou fallecidos desde el comienzo de esta bella obra hace cuarenta años.

Por vuestro trabajo, todos los que hoy estáis aquí congregados, despertáis cada tarde la memoria de este lugar. El castillo de Puy du Fou, ruina dolorosa, abandonada por los hombres, se alza como un grito hacia el cielo. Con las entrañas abiertas, recuerda al mundo que, frente al odio por la fe, un pueblo se levantó: ¡El pueblo de la Vendée!

Queridos amigos, dando vida a estas ruinas, cada noche, dais vida a los muertos. Dais vida a todos aquellos vandeanos muertos por su fe, por sus iglesias y por sus sacerdotes.

Vuestra obra se eleva sobre esta tierra como un canto que lleva consigo el recuerdo de los mártires de la Vendée. ¡Hacéis revivir a esos trescientos mil hombres, mujeres y niños, víctimas del Terror! Dais voz a aquellos a quienes se quiso silenciar, ¡porque rechazaban la mentira de la ideología atea! ¡Rendís homenaje a aquellos a quienes se pretende ahogar en el olvido porque rechazaban que se les arrancara la libertad de creer y de celebrar la Misa!

Os lo digo solemnemente: vuestro trabajo es justo y necesario. Con vuestro arte, vuestros cantos, vuestras proezas técnicas, ofrecéis al fin una digna sepultura a todos esos mártires a los que la Revolución quiso dejar sin tumbas, abandonados a los perros y los cuervos. Vuestro trabajo es más que una obra simplemente humana: es como la obra de una Iglesia.

¡Vuestro trabajo es necesario, especialmente en nuestro tiempo, que parece embobado! Frente a la dictadura del relativismo, frente al terrorismo del pensamiento que, de nuevo, quiere arrancar a Dios del corazón de los niños, necesitamos reencontrar la frescura de espíritu, la simplicidad alegre y ardiente de estos santos y mártires.

Cuando la Revolución quiso privar a los vandeanos de sus sacerdotes, todo un pueblo se sublevó. ¡Ante los cañones, estos pobres solo tenían sus bastones! ¡Frente a los fusiles, sólo poseían sus hoces! ¡Frente al odio de las columnas infernales, sólo presentaban su rosario, su oración y el Sagrado Corazón bordado en su pecho!

Hermanos, los vandeanos simplemente pusieron en práctica lo que nos enseñan las lecturas de hoy. Dios no está en el trueno ni los relámpagos, no está en el poder o el ruido de las armas, ¡se esconde en la brisa ligera!

Frente al despliegue planificado y metódico del Terror, los vandeanos sabían bien que serían aplastados. Sin embargo, ofrecieron cantando su sacrificio al Señor. Fueron esa brisa ligera, brisa aparentemente barrida por la poderosa tempestad de las “columnas infernales”.

Pero Dios estaba allí. ¡Su poder se reveló en la debilidad! La historia -la verdadera historia- sabe que en el fondo los campesinos vandeanos triunfaron. Con su sacrificio impidieron que la mentira de la ideología se erigiera en maestra. Gracias a los vandeanos, la Revolución ha tenido que quitarse la máscara y revelar su rostro de odio hacia Dios y hacia la fe. Gracias a los vandeanos, los sacerdotes no se convirtieron en los esclavos serviles de un estado totalitario y pudieron ser los servidores libres de Cristo y de la Iglesia.

Los vandeanos oyeron la llamada que Cristo nos lanza en el Evangelio de hoy: “¡Confiad! ¡Soy yo, no temáis!” Cuando rugía la tempestad, cuando la barca hacía aguas por todas partes, no tuvieron miedo…tan seguros estaban de que, más allá de la muerte, el Corazón de Jesús sería su única patria.

Hermanos míos, los cristianos necesitamos ese espíritu de los vandeanos. ¡Necesitamos ese ejemplo! ¡Como ellos, tenemos que abandonar nuestros campos y cosechas, dejar sus surcos, para combatir no por intereses humanos, sino por Dios!

¿Quién se levantará hoy por Dios? ¿Quién se enfrentará a los modernos perseguidores de la iglesia? ¿Quién tendrá el coraje de levantarse sin otras armas que el rosario y el Sagrado Corazón, para enfrentarse a las columnas de la muerte de nuestro tiempo que son el relativismo, el indiferentismo y el desprecio de Dios? ¿Quién dirá a este mundo que la única libertad por la que merece la pena morir es la libertad de creer?

Como nuestros hermanos vandeanos de otro tiempo, estamos llamados hoy a dar testimonio, es decir, ¡al martirio! Hoy en Oriente, en Pakistán, en África, nuestros hermanos cristianos mueren por su fe, aplastados por las columnas del islamismo perseguidor.

Y tú, pueblo de Francia, tú, pueblo de la Vendée, ¿cuándo te levantarás con las armas pacíficas de la caridad y la oración para defender tu fe? Amigos, la sangre de los mártires corre por vuestras venas, ¡sed fieles! Somos todos espiritualmente hijos de la Vendée mártir. Incluso nosotros, los africanos, que hemos recibido tanto de los misioneros vandeanos que vinieron a morir entre nosotros para anunciar a Cristo. Debemos ser fieles a su herencia.

Las almas de estos mártires nos rodean en este lugar. ¿Qué nos dicen? ¿Qué quieren transmitirnos? Para empezar su coraje. Cuando se trata de Dios no hay otro compromiso, ¡el honor de Dios no se disputa! Y ello debe empezar por nuestra vida personal, de oración y de adoración. Es tiempo, hermanos míos, de rebelarnos contra el ateísmo práctico que asfixia nuestras vidas. ¡Oremos en familia, pongamos a Dios en primer lugar! ¡Una familia que reza es una familia que vive! ¡Un cristiano que no reza, que no sabe dejar sitio a Dios a través del silencio y la adoración, acaba muriendo!

Del ejemplo de los vandeanos debemos también aprender el amor al sacerdocio. Se rebelaron porque sus “buenos curas” eran amenazados.

Vosotros, los más jóvenes, si sois fieles al ejemplo de vuestros mayores, ¡amad a vuestros curas, amad el sacerdocio! Debéis preguntaros: ¿Y yo, soy llamado a ser sacerdote, siguiendo a aquellos buenos curas martirizados por la Revolución? ¿Tendré la valentía de dar mi vida por Cristo y mis hermanos?

Los mártires de la Vendée nos enseñan además el sentido del perdón y la misericordia. Ante la persecución, ante el odio, guardaron en el corazón el deseo de la paz y el perdón. Recordad cómo el general Bonchamp liberó a cinco mil prisioneros solo unos minutos antes de morir. Sepamos enfrentar el odio sin resentimiento y sin acritud. ¡Somos el ejército del Corazón de Jesús y como él queremos estar llenos de dulzura!

Finalmente, de los mártires vandeanos, necesitamos aprender el sentido de la generosidad y el don gratuito. Vuestros ancestros no se batieron por sus intereses, no tenían nada que ganar. Nos dan hoy una lección de humanidad. Vivimos en un mundo marcado por la dictadura del dinero, del interés, de la riqueza. El gozo del don gratuito es despreciado y objeto de burla en todas partes. Sin embargo, solamente el amor generoso, el don desinteresado de la propia vida pueden vencer el odio por Dios y los hombres que es la matriz de toda revolución. Los vandeanos nos enseñaron a resistir estas revoluciones. Nos mostraron que frente a las columnas infernales, como frente a los campos de exterminio nazis o los gulags comunistas, ante la barbarie islamista, solo hay una respuesta posible: el don de sí, de toda la vida. ¡Solo el amor puede vencer el poder de la muerte!

Todavía hoy, tal vez más que nunca, los ideólogos de la revolución pretenden destruir el lugar natural del don de sí mismo, de la generosidad gozosa y del amor. Estoy hablando de la familia.

La ideología de género, el desprecio de la fecundidad y de la fidelidad son los nuevos slogans de esta revolución. Las familias son hoy como otras Vendées a las que hay que exterminar. Se planifica metódicamente su desaparición, como se hizo en otro tiempo en la Vendée.  Estos nuevos revolucionarios se inquietan frente a la generosidad de las familias numerosas. Se burlan de las familias cristianas porque ellas encarnan todo lo que ellos odian. Están dispuestos a lanzar sobre África nuevas “columnas infernales” para presionar a las familias e imponerles la esterilización, el aborto y la anticoncepción. ¡África resistirá como hizo la Vendée! Por todas partes las familias deben ser como la punta de lanza de esta revuelta contra la nueva dictadura del egoísmo.

En adelante, en el corazón de cada familia, de cada cristiano, de cada hombre de buena voluntad, debe librarse una “Vendée interior”. ¡Todo cristiano es espiritualmente un vandeano! No dejemos que se ahogue en nosotros el don generoso y gratuito. Sepamos, como los mártires de la Vendée, extraer este don de su fuente: el Corazón de Jesús.


¡Oremos para que una poderosa y alegre Vendée interior se alce en la Iglesia y en el mundo! Amen.

Los demonios fueron legión


La Nación, 19 DE AGOSTO DE 2017

Héctor Aguer *

Los tres evangelios sinópticos recogieron un episodio impresionante de la vida de Jesús: la liberación de un endemoniado. Ocurrió en Gerasa o Gádara, un pueblo de la Transjordania. Mateo, en una variante más breve del mismo relato menciona a dos endemoniados. Marcos habla de un hombre poseído por un espíritu impuro; Lucas, por su parte, anota que se trata de un varón que tenía demonios. Estos últimos textos lo describen como un loco furioso, incapaz de vivir en sociedad. Mientras Jesús silenciosamente está expulsando al mal espíritu, éste reacciona, suplicante, porque sufre al abandonar su presa. El Señor le preguntó su nombre. La respuesta fue: mi nombre es Legión, porque somos muchos (Mc. 5, 9). El nombre "Legión" designaba una unidad militar de más de 6000 hombres; es un término técnico propio del latín, que pasó al uso del griego y del arameo. En el caso, da a entender que era un entero ejército diabólico, como un poder organizado, el que se había apoderado de aquella criatura y la había deshumanizado.

Demonio es el diablo, Satanás, en el pasaje evangélico, pero en nuestra lengua el sustantivo se aplica en sentido figurado a una persona perversa y maligna. Valga la divagación para introducir un asunto delicado y discutido. 

¿Cuántos demonios poseyeron a la Argentina en la sangrienta década del 70 del siglo pasado? Aquellos fantasmas nos siguen obsesionando y dividiendo. Como el lector ya habrá advertido, estoy aludiendo a la "teoría de los dos demonios". Se ha inculpado al escritor Ernesto Sabato de ser su autor; la izquierda se ensañó con él criticando un pasaje del prólogo de "Nunca más", el informe de la Conadep: "Durante la década del 70 la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como desde la extrema izquierda? 
A los delitos de los terroristas, las Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo infinitamente peor que el combatido, porque desde el 24 de marzo de 1976 contaron con el poderío y la impunidad del Estado absoluto, secuestrando, torturando y asesinando a miles de seres humanos". 

Recordemos la accidentada secuencia de la cantidad de víctimas de la dictadura; mejor dicho, del atroz invento de esa gente, los desaparecidos: 7380 según el recuento de la Conadep; luego 8961; según otros informes, 13.000; después 22.000, hasta llegar a la cifra mítica de los 30.000, obligatoria de sostener según es ley en la provincia de Buenos Aires. Aunque una sola persona hubiera corrido esa suerte, se trataría siempre de una atrocidad.

En 2006 los impugnadores de Sabato y de los demás investigadores de aquel primer intento lograron reformular las expresiones del insigne escritor. Se impuso entonces este párrafo: 
"Es preciso dejar claramente establecido, porque lo requiere la construcción del futuro sobre bases firmes, que es inaceptable pretender justificar al terrorismo de Estado como una suerte de juego de violencias contrapuestas como si fuera posible buscar una simetría justificatoria en la acción de particulares frente al apartamiento de los fines propios de la Nación y del Estado, que son irrenunciables". 

Según tales revisionistas, hubo un solo demonio: el Estado. Ellos no parecen ser historiadores científicos, objetivos, ya que olvidan los miles de crímenes de los "jóvenes idealistas", escalonados con frecuencia y furia crecientes desde el asesinato del general Aramburu: secuestros extorsivos con ganancias de millones de dólares para invertir en armas, ataques a unidades militares cuyas mayores víctimas fueron los jóvenes "colimbas"; cientos de atentados, ubicuos, con el fin de ostentar un poder cada vez mayor; intento de "liberar" un territorio con el propósito de hacerse reconocer internacionalmente; y un largo etcétera, en el que pueden incluirse las delaciones internas en los grupos y los tratos subrepticios con sectores de las Fuerzas Armadas.

Fueron peligrosos delincuentes esos "angelitos". Sin justificar lo injustificable, es posible afirmar, según las declaraciones de ambas partes, que existió una cierta simetría, aunque variable a través de las peripecias de los enfrentamientos. ¿Con qué derecho los diversos agrupamientos subversivos se arrogaban la representación del pueblo, aun en el período en que regía una precaria democracia? 

Conviene recordar que los Montoneros surgieron del seno de la Iglesia: nacionalismo católico, Acción Católica, Pastoral Universitaria, con el aliento de los Sacerdotes para el Tercer Mundo y el horizonte ideológico de la teología de la liberación, el presunto mensaje de Medellín y un supuesto "espíritu del Concilio". En el otro frente, la policía y las Fuerzas Armadas contaban con los respectivos capellanes, que podían haber alertado a sus autores, con riesgo, por cierto, acerca de las atrocidades que estaban cometiendo.

No hubo un solo demonio suelto en aquellos años. Tampoco, en mi opinión, fueron solamente dos. Fueron Legión. Durante su tercera presidencia el general Perón dio órdenes de "aniquilar a la subversión" y determinó los instrumentos policiales que debían ejecutarla; continuaron obrando mientras gobernaba su esposa; guiado por artes brujeriles se destacó aquel escuadrón de nombre que se hizo célebre: Triple A. La Legión poseyó a mucha gente, de un lado, del otro y del medio; como explicó San Lucas en el caso de Gádara (8, 27): muchos demonios entraron en él, en el cuerpo y el alma de la Argentina de entonces.

Sin juzgar las intenciones, estimo que quienes militan contra la teoría de los dos demonios no quieren la reconciliación nacional; están abroquelados en el resentimiento y el rencor. Se alborozan porque 40 años después de aquellos sucesos la Justicia envía a la cárcel a antiguos oficiales jóvenes apelando al discutible concepto de "lesa humanidad". Laesus-a-um significa ofendido, herido, dañado. ¿No serán de lesa humanidad los delitos cometidos desde el Estado y contra todo el pueblo por personajes recientes que se han beneficiado de una distracción judicial de más de diez años? 

No hay futuro para la sociedad argentina sin perdón recíproco, sin olvido, que es lo contrario de la venganza camuflada como memoria. La historia bíblica de José concluye con este mandato que le dirige su padre Jacob: "Perdona el crimen y el pecado de tus hermanos, que te hicieron tanto mal" (Gén. 50, 17). El relator anota: "Al oír estas palabras, José se puso a llorar". El perdón, como realidad superior a la justicia, es el exorcismo que puede liberarnos de la sombra de la Legión. Aquel endemoniado de Gerasa que "vagaba entre los sepulcros, dando alaridos e hiriéndose con piedras", una vez sanado quedó sentado a los pies de Jesús, "vestido y en su sano juicio". Ése podría ser nuestro futuro.


* Arzobispo de La Plata, miembro de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas

lunes, 14 de agosto de 2017

Cardenal Medina

 Los políticos que apoyan el aborto no deben recibir el voto de ningún cristiano

INFOVATICANA 14 Agosto, 2017



El pasado 8 de agosto, el diario El Mercurio publicó una carta del cardenal Jorge Medina titulada “¿Coherencia?” en la que denunciaba que el proyecto de ley del aborto en Chile “es un caso en el que bajo el eufemismo de ‘despenalización’ se oculta la atroz realidad de la legalización del asesinato de un inocente”.

El purpurado chileno y prefecto emérito de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos señalaba que “quienes se hacen cómplices de tal atrocidad no deben recibir el voto de ningún cristiano” a menos que, con anterioridad a las elecciones, hayan manifestado públicamente su arrepentimiento.

Citando el Código de Derecho Canónico, el cardenal Medina advertía de que “esas personas, si dicen ser católicas, puesto que han cometido públicamente un grave pecado, no están en condiciones de poder recibir los sacramentos de la Iglesia”, a no ser que se hayan arrepentido y hayan manifestado también públicamente su arrepentimiento.

Asimismo, en la carta publicada en El Mercurio, el prelado recuerda que si estas personas, diciéndose cristianas o católicas, fallecen sin antes haber dado claras muestras de arrepentimiento, “no es coherente que se solicite para sus restos mortales, ni se les conceda, un funeral público según los ritos litúrgicos de la Iglesia Católica”.

A causa de su misiva denunciando la colaboración y la complicidad con el crimen del aborto, el cardenal Medina ha recibido críticas que han llegado incluso desde el ámbito eclesial.

En una carta publicada en El Mercurio el 9 de agosto, Percival Cowley, ex capellán de La Moneda, respondía al cardenal Medina abogando por “decir que no al aborto libre, pero a la vez aprender a confiar en las conciencias maduras de los hermanos”. Cowley también preguntaba en el texto: “¿Qué hizo y qué dijo el señor cardenal en Chile cuando se violaban sistemáticamente los DD.HH.?”

El jesuita Felipe Berríos fue más lejos en sus críticas a la carta del cardenal Medina. En declaraciones a Radio Cooperativa, Berríos calificó la misiva de “desalmada” y de “pastoral del terror”. “Es la típica pastoral del terror, que es la que siempre ha ejercido el cardenal Medina. Es una carta desalmada que no ve el alma de las personas en las situaciones y uno no puede dejarla pasar”, aseguró.

En declaraciones al diario La Tercera, el cardenal Medina ha asegurado que “es natural recibir estos ataques” y que las críticas de Berríos y Cowley le “honran” porque le confirman que lo correcto para un católico es defender la vida y estar en contra del aborto. “Supongo que habrá católicos que tienen mi postura y también habrá quienes se dicen católicos y creen que se pude ser católico e ir en contra de la palabra de la Iglesia”, ha declarado.

El purpurado ha respondido a las críticas afirmando que “no puede ser una liturgia del terror el tratar de salvar vidas”. También recuerda a los críticos que el Papa Francisco llama al aborto “asesinato”. “Y si un asesinato es o no un acto de terror se lo dejo a la gente que tenga buen sentido para que lo juzgue”, añade.

Asimismo, el purpurado señala que ante la visita del Papa Francisco a Chile el próximo mes de enero, ha escrito una larga carta al pontífice “comentándole el país con el que se va a encontrar cuando llegue”.

Los obispos de Chile recuerdan que no matar al inocente es un absoluto moral

A principios del mes de agosto, el Congreso de Chile aprobó un proyecto de ley que despenaliza el aborto en tres supuestos: riesgo de vida de la madre, inviabilidad fetal y violación. Ante la decisión del Congreso, la coalición Chile Vamos decidió salir en defensa del derecho a la vida del no nacido y recurrir al Tribunal Constitucional, que deberá ahora examinar el proyecto.

Los obispos chilenos, por su parte, expresaron su dolor y manifestaron que el proyecto de ley aprobado supone un retroceso que instala y legitima en la sociedad chilena una discriminación injusta hacia seres humanos indefensos. Asimismo, los prelados chilenos recordaron que no matar deliberada y directamente al inocente es un absoluto moral y exhortaron al Gobierno a promover y cuidar la vida, desde su gestación hasta la muerte natural.

También el obispo de la diócesis chilena de Villarrica, Mons. Francisco Javier Stegmeier, ha enviado un mensaje recogido por Infocatólica en el que advierte de que tras la aprobación de la ley del aborto en el Congreso “vendrán cosas peores”.


Mons. Stegmeier asegura que la ley del aborto “es un engaño del demonio y de los que lo tienen por padre”. Es mentira, señala el prelado, que el aborto se restringirá a casos muy específicos, porque “lo que se pretende es el aborto libre”.

Monseñor Aguer: la Iglesia tiene la autoridad que siempre tuvo


Aica,  14 Ago 2017

"Por favor, no nos vengan a correr con la vaina de los curas pedófilos, porque la Iglesia tiene la autoridad que siempre tuvo y puede con toda dignidad seguir diciendo lo que dice”. Con esta frase concluyó su reflexión semanal televisiva del sábado 12 de agosto el arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, que dedicó, precisamente, al problema de la pedofilia en algunos sacerdotes.

“Últimamente he observado -comenzó diciendo el prelado platense- que, en distintas circunstancias, mucha gente le niega autoridad moral a la Iglesia, por ejemplo, por hacer alguna crítica de las costumbres y dicen: “en la Iglesia lo que tendrían que resolver es su problema" porque "todos los curas son pedófilos”, aludiendo así al reciente dicho de un conocido periodista.

El arzobispo prosiguió diciendo que, en general, "la gente no cree en el celibato del clero a lo mejor porque se enteró de que algún cura no cumplió con su juramento; entonces esa caída la extienden a toda la corporación clerical. Ahora lo mismo: sin duda hubo sacerdotes pedófilos que cometieron esos crímenes abominables. Lo que no suele decirse es que existe un protocolo de la Iglesia, muy severo, por el cual se los juzga y se los castiga, independientemente de la suerte corrida por los culpables en los juicios penales entablados en tribunales seculares. De hecho conozco casos de sacerdotes que han sido expulsados del estado clerical a causa de ese crimen”.

“Con notable frivolidad -destacó- se vulgarizan las opiniones y entonces hay gente que dice: 'todos los curas son abusadores'; en ocasiones me llegaron comentarios de este tenor: 'Qué derecho tiene la Iglesia a hablar de esto o aquello; primero que resuelva el problema interno que la afecta'. Lo cierto es que la Iglesia lo está resolviendo, es decir, no mira para otro lado, sino que lo afronta con decisión”.

En seguida monseñor Aguer invita a consultar las estadísticas. ¿Qué porcentaje de los abusos que se conocen y se judicializan son cometidos por sacerdotes? ¿Llegará al 1 por ciento? Estoy seguro de que es incluso menor. ¿Dónde ocurre por lo general ese crimen? Ocurre en el entorno familiar, si se puede llamar familiar; lo que ya no es familia, donde el hecho aberrante lo produce el padrastro del chico o la chica, o la expareja de la madre y hasta hemos escuchado que es el papá de la criatura o el hermano mayor o el primo o el vecino de al lado. No los curas. Si se toman en cuenta las estadística eso queda bien claro”.

“Pero lo cierto -aseveró- es que se va creando una especie de ficción que se hace general y surge la frase: 'Todos los curas son abusadores'. No es así. Esto no significa que no reconozca que en la Iglesia hay santos y pecadores y que esto ha ocurrido desde el principio. Jesús lo enseñó muy bien a la multitud que lo seguía y escuchaba".

Aquí monseñor Aguer recordó la parábola del trigo y la cizaña, en la que un hombre sembró trigo en su campo pero el enemigo, cuando todos dormían, sembró cizaña. Crecen el trigo y la cizaña y entonces los peones se alarman, le cuentan al dueño lo que ocurre y le urgen: ¡hay que arrancar la cizaña! El dueño les pide que esperen, que ahora no es el momento; les explica que es mejor dejar que crezcan juntos porque si los quieren sacar en esa instancia del crecimiento corren el riesgo de arrancar juntos el trigo y la cizaña. ¡Esperemos al momento de la cosecha, que entonces se distinguirán bien! Y finalmente llega el momento de la cosecha”.

“Ciertamente -expresó el arzobispo platense- existen casos en la Iglesia de algunos curas abusadores. Pero ¡cuidado, son algunos! no todos los curas son abusadores. ¿Y cómo se arregla eso? Se arregla con las medidas que la Iglesia toma, que como dije son muy severas, pero el mal no se va a desarraigar por completo ni de la sociedad, ni de la misma Iglesia. La Iglesia está formada por justos y pecadores, como en la sociedad están mezclados los justos y los pecadores. La discriminación (perdón por usar esta palabra maldita) algún día quedará bien en claro y cada uno de nosotros tendría que ir poniendo las barbas en remojo, por las dudas”.


Tras ofrecer otra imagen evangélica, monseñor Aguer concluyó su reflexión: “Así son las cosas, así es la vida y hay que reconocer que esta es una verdad, una realidad fundamental. Pero, por favor, no nos vengan a correr con la vaina de los curas pedófilos, porque la Iglesia tiene la autoridad que siempre tuvo y puede con toda dignidad seguir diciendo lo que dice. Son palabras de advertencia y de salvación”.+ 

sábado, 12 de agosto de 2017

Los diez consejos del Cardenal Burke

 para afrontar la crisis de confusión y división de la Iglesia

Edward Pentin / National Catholic Register-
 INFOVATICANA 12 Agosto, 2017

En un discurso amplio y oportuno, el Cardenal Raymond Burke ha querido explicar la esencia de la profunda crisis espiritual a la que se enfrentan la Iglesia y el mundo, ofreciendo sugerencias pastorales que animen a los fieles a enfrentarse a ella.
Durante su discurso en el Encuentro Church Teaches Forum que se ha llevado a cabo en Louisville, Kentucky, el 22 de julio pasado, el cardenal patrón de la Orden de Malta declaró que “nunca había sido tan necesaria” la “firme enseñanza” de la Iglesia visto “los preocupantes tiempos en los que viven el mundo y la Iglesia”.

El cardenal afirmó que el amplio ataque a la vida humana inocente e indefensa está llevando a una violencia “sin precedentes” en la vida familiar y en la sociedad.
También mencionó otros flagelos: la ideología de género, la negación de la libertad religiosa y la objeción de conciencia, el materialismo ateo y el relativismo. Todos ellos han llevado a “un miedo legítimo a una confrontación global que puede significar sólo la destrucción y la muerte de muchos”, ha afirmado.

“Claramente, si la situación actual del mundo continúa puede llevar a la aniquilación total”, ha añadido.
Sin embargo, “de una manera diabólica, la confusión y el error” surgidos de los estragos de la secularización, sobre todo en Occidente, “han penetrado también en la Iglesia”, ha dicho.
El cardenal Burke, uno de los mayores expertos en Derecho Canónico de la Iglesia, lamentó que la Iglesia “se está acercando a una cultura” sin “saber cuál es su propia identidad y misión” o sin tener “la claridad y la valentía de anunciar el Evangelio de la Vida y el Divino Amor a una cultura radicalmente secularizada”.

Como ejemplo, citó las recientes declaraciones del presidente de la Conferencia Episcopal alemana, el cardenal Reinhard Marx, el cual afirmó que la legalización del “matrimonio” entre personas del mismo sexo no era una cuestión que preocupara mucho a la Iglesia; lo era la intolerancia demostrada hacia quienes sufren atracción hacia el mismo sexo. El cardenal Burke recordó a su audiencia que el enfoque correcto es distinguir entre el amor por la persona y el odio que los católicos “siempre deben sentir por los actos pecaminosos”.

Puso como ejemplo la vida de otro prelado alemán, el recientemente fallecido cardenal Joachim Meisner, “cada vez más confundido y asombrado” por la enseñanza de la Iglesia dentro de la propia Iglesia, pero que a pesar de todo permaneció “sereno” y determinado a “seguir la lucha por Cristo”.
El cardenal Burke observó que “por lo que sea, muchos pastores permanecen callados” acerca de la crisis actual, o “han abandonado la claridad” de la enseñanza de la Iglesia y abrazan “la confusión y el error que, de manera equivocada, piensan que pueden ser la solución más efectiva para el colapso total de la cultura cristiana”.

Recordó a un joven sacerdote que, recientemente, le preguntó por qué, dada la “naturaleza posiblemente apocalíptica” que viven actualmente la Iglesia y el mundo, y la necesidad de enseñar la verdad de la fe, había por parte de la jerarquía “una tal falta de claridad y valentía”.

El cardenal Burke dijo que podía atribuirse a la “cultura materialista y relativista” que domina la vida moderna y que “fomenta la confusión y la división en la Iglesia”. El cardenal también dijo que le preocupa que los medios de comunicación seculares ya no ataquen a la Iglesia como solían hacer, porque esto significa que la Iglesia está “fracasando estrepitosamente en su tarea de ser testimonio claro y valiente de la salvación para el mundo”.
También advirtió sobre un gobierno de la Iglesia “según el mundo”, en el que los que defienden lo que la Iglesia siempre ha enseñado son tildados de “rígidos fundamentalistas” que entorpecen el enfoque pastoral deseado por el Papa Francisco. Comentó el “triste espectáculo” de ver a los miembros de la jerarquía “acusándose públicamente de mantener una agenda política y mundana, tal como hacen los políticos cuando se atacan entre ellos para llevar adelante una agenda política”. Aunque no se refirió directamente a ellos, el cardenal ha pagado las consecuencias de estos ataques, de los que ha sido víctima y que procedían de uno de los colaboradores más cercanos del Papa Francisco.

Llamó la atención sobre la falsa percepción del papado, que no debe ser retratado como deteniendo el “poder absoluto” e informando que el ministerio de San Pedro “no tiene nada que ver con la revolución” —como dicen algunos de los más fervientes partidarios de Francisco—, término que es, sobre todo, “político y mundano”. Les recordó a los presentes que la plenitud del poder y ejercicio del ministerio del Papa es, “precisamente, protegerle del tipo de pensamiento mundano y relativista que lleva a la confusión y la división”.

Recordando las palabras del Catecismo [n. 552] que afirman que la misión del Papa es custodiar la fe “ante todo desfallecimiento y de confirmar en ella a sus hermanos”, dijo que es “absurdo” pensar que el Papa Francisco puede enseñar algo distinto a lo que enseñaron sus predecesores. E insistió que no todas las palabras del Papa Francisco son enseñanza o magisterio pontificio.

Desarrollando esta cuestión, el cardenal Burke subrayó que en la Edad Media, la Iglesia hablaba de “dos cuerpos del Papa: el cuerpo del hombre y el cuerpo del Vicario de Cristo”. Cuando el Papa habla de manera informal y coloquial, como hace Francisco a menudo, por ejemplo, en el avión papal o en las homilías matutinas, es el “primer cuerpo” del hombre que es Papa el que habla, afirmó el cardenal. Hacer esta distinción “no es en absoluto irrespetuoso del Ministerio Petrino”, ni hace que uno sea enemigo del Papa Francisco. Por el contrario, dijo, si no hacemos esta distinción, “fácilmente perderemos el respeto” por el papado si creemos que tenemos que estar de acuerdo con todas sus opiniones personales. Un enfoque como éste constituye una “idolatría del papado”, afirmó.

También recordó como Papas anteriores habían tenido mucho cuidado con las palabras que utilizaban. El Beato Papa Pablo VI, dijo, “nunca hubiera permitido la publicación de una de sus homilías sin haber revisado detalladamente el texto impreso”; una vez le dijo a un joven prelado: “Soy Vicario de Cristo en la tierra y tengo una responsabilidad muy seria, por lo que ninguna de mis palabras puede ser interpretada de manera contraria a la enseñanza de la Iglesia”.

Cualquier declaración del Papa, dijo el cardenal Burke, debe ser comprendida “dentro del contexto de la enseñanza y la práctica fiel de la Iglesia” para que no cause confusión y división, que serían causa de “gran daño” a las almas y la evangelización. Recordó las palabras de San Pablo en Gálatas 1, 8: “Pero aun cuando nosotros mismos o un ángel del cielo os anunciara un evangelio distinto del que os hemos anunciado, ¡sea anatema!”.

Citando las recientes y asombrosas palabras del superior general de los jesuitas que declaró que no podemos saber exactamente qué dijo Cristo porque sus palabras no fueron grabadas, el cardenal Burke observó una “apostasía generalizada” que no ha sido corregida en la Iglesia y sobre la que advirtió la Virgen de Fátima. El triunfo del Corazón Inmaculado nos enseña “la correcta relación con Dios y con los otros”, dijo, y recordó la parábola de la oveja perdida: el pastor “no la abandona en su condición, sino que la carga sobre sus hombros para devolverla al grey”.

El cardenal Burke acabó su discurso con una reflexión acerca de lo que se puede hacer en estos “tiempos dificilísimos” que “en verdad, parecen apocalípticos”.
Insistiendo que la enseñanza de Cristo no cambia, enumeró diez maneras para enfrentarse y tratar con la crisis:

1- Estudiar el Catecismo en profundidad y prepararse para defender la enseñanza de la Iglesia;
2- Recordar la “gran cantidad de signos edificantes” de fidelidad a Cristo de “muchos sacerdotes y obispos que se mantienen firmes en su fe”;
3- Al recurrir a la Santísima Virgen María, imitar la unidad de su corazón con Jesús;
4- Invocar con frecuencia, “a lo largo del día”, la intercesión de San Miguel Arcángel pues “definitivamente, el diablo está implicado en esta difusión de la confusión, la división y el error dentro de la Iglesia”;
5- Rezar cada día a San José para que proteja a la Iglesia de “la confusión y la división, que son siempre obra de Satanás”;
6- Rezar a los grandes Papas Santos que guiaron a la Iglesia en tiempos difíciles;
7- Rezar por los cardenales de la Iglesia, para que reciban “especial claridad y valentía”;
8- Permanecer serenos, conscientes de que nuestra confianza está puesta en Cristo, que las “puertas del infierno” no prevalecerán contra la Iglesia, y evitando “la desesperación del mundo” expresada de “maneras agresivas y no caritativas”.
9- Estar dispuestos a aceptar ser “ridiculizados, no comprendidos, perseguidos, exiliados e incluso asesinados” por permanecer fieles a Cristo en la Iglesia, siguiendo el ejemplo de San Atanasio y otros grandes santos.
10- Salvaguardar el amor por el Papa Francisco rezando fervientemente por él y pidiendo a San Pedro que interceda por él.

El cardenal Burke advirtió que el cisma es “el modo de pensar del mundo”, un modo que “siempre y en todo lugar es erróneo”.

Concluyó su discurso diciendo que, a pesar de que tal vez estemos en el final de los tiempos, “no debemos preocuparnos”, sino que debemos “permanecer fieles, generosos y valientes” al servicio de Cristo, sabiendo que Su victoria está ya escrita.

Con la ayuda de la Santísima Virgen, dijo, “escribiremos con Cristo los capítulos intermedios con nuestra fidelidad, valentía y generosidad como compañeros de trabajo, como verdaderos soldados de Cristo”.

“Debemos ser los siervos buenos y fieles que están esperando abrir la puerta al Señor en su venida”.


 (Artículo publicado originalmente en National Catholic Register. Traducción de Helena Faccia Serrano para InfoVaticana)

miércoles, 2 de agosto de 2017

Los avales de la nueva reforma


Santiago MARTÍN, sacerdote
catolicos-on-line, 2-8-17

Cuando el cardenal Wojtyla fue elegido Papa en 1978, no sólo llegaba al pontificado una persona concreta, de alto valor intelectual y moral, sino que también lo hacía un pueblo, el polaco. La vitalidad, fidelidad y resistencia que había demostrado el catolicismo en Polonia eran el aval que presentaba el joven cardenal de Cracovia y sin duda que los cardenales electores lo tuvieron muy en cuenta. No se equivocaron.

Desde hace unos años, más allá de la atractiva y popular personalidad del Papa Francisco, la línea ideológica que parece predominar en la Iglesia es la marcada por el eje centroeuropeo (Bélgica, Alemania, Austria), con personajes como Danneels, Kasper, Marx y Schonborn. Ellos proporcionan las ideas, a las que otros se suman después. Tras ellos está la obra de los teólogos Karl Rahner, jesuita, Yves Congar, dominico, y Bernard Häring, redentorista. De este modo, tres de los padres intelectuales del Concilio Vaticano II, ya desaparecidos, influyen en el presente a través de sus hijos espirituales. Ahora bien, si el Papa polaco estaba respaldado, para el giro que imprimió a la Iglesia, en la vitalidad de una Iglesia de resistencia, debemos preguntarnos cuáles son los avales de los que marcan ideológicamente el rumbo de la Iglesia en la actualidad. ¿Cómo son sus Iglesias? ¿Están llenas o vacías? O, dicho de otro modo, después de más de cincuenta años de aplicación de las tesis que ellos quieren difundir, ¿cuáles han sido los resultados?

La realidad es una señora bastante tozuda. No hay forma de negociar con ella. Insiste e insiste hasta que demuestra que tiene la razón. Se cumple eso de que “contra facta non valent argumenta” (contra los hechos no valen los argumentos). Y la realidad nos dice que allí donde se han llevado a cabo con mayor intensidad esas teorías, el resultado ha sido más desastroso. Como ejemplo, el de Alemania. Con el rigor y la exactitud que les caracteriza, han publicado sus datos anuales. En esta ocasión ha disminuido el número de los que se dan de baja un poco menos que el año anterior; en vez de 180.000, han sido “sólo” 160.000 los alemanes que han renunciado a pertenecer a la Iglesia católica. 
Es un desastre sin paliativos, porque ni siquiera pueden alegar que los que se van lo hacen huyendo de una Iglesia conservadora. Por eso, no tiene justificación alguna que la Iglesia que está pretendiendo imponer su modelo pastoral al conjunto del catolicismo avance, año tras año, hacia su ruina más completa. Si hubiera sido al revés, si los templos alemanes estuvieran llenos, no me cabe duda de que ellos, los ideólogos de la “nueva reforma”, esgrimirían el dato para presentarlo como un aval a sus planteamientos. 

Pues bien, es de justicia hacer lo contrario. Esos planteamientos conducen al conjunto de la Iglesia hacia la misma ruina en la que ellos están ya introducidos y no verlo y no denunciarlo es no sólo irracional, sino también pecaminoso, pues se convierte en complicidad.


La Iglesia liberal, la Iglesia del todo vale, la Iglesia permisiva o la Iglesia de la falsa misericordia y del equívoco discernimiento, está herida de muerte. Los hechos están ahí, a la vista de todos. Y no se trata de volver a los cuarteles de invierno o de encerrarse en un rígido rigorismo jansenista. Se trata de ser fieles a Cristo, en su persona -la Eucaristía- y en su doctrina, tal y como ha sido revelada en la Palabra de Dios y ha sido interpretada fielmente por dos mil años de Magisterio. 

Si tuviéramos que morir por ser fieles, nuestra muerte tendría algo de grande y heroico. Pero morir por ser infieles es de estúpidos y de traidores que reciben de la realidad el pago que merecen. ¿Servirán para algo los datos de Alemania? Me temo que no. Un viejo refrán dice que “Dios ciega a quien quiere perder”. Hay algunos que están tan ciegos que avanzan orgullosamente hacia atrás.